Como sucede con muchas parejas de humanos, esa conformada por literatura y fútbol es una relación hasta hace algunos años impensable y, más que esto, indeseada.
Todo, porque era tendencia entre escritores e intelectuales en general no reconocer afecto por el fútbol. Era una moda entre ellos desdeñar el juego y citar las frases de Jorge Luis Borges, que se burlaban de esos tipos corriendo detrás de un balón o esa otra en que decía que el fútbol despierta las peores pasiones, sobre todo, el nacionalismo. O comentarios de Kipling en que trata de miserables a los jugadores...
En esa hegemonía del desdén, ha habido quienes lo han reivindicado sin vergüenza; con gusto y respeto. A. Camus, Camilo José Celá, Miguel Hernández y decenas más a quienes ese mundo esférico ha sacado páginas brillantes.
Ahora hasta es moda entre los intelectuales confesar su pasión por un equipo o por ese deporte popular.
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