Por estos días el ambiente universitario se mueve, no solo en la Universidad de Antioquia, debido a los procesos de elección de rector, sino también en otras universidades como la Nacional, donde los candidatos, por un lado, se debaten en contiendas académicas y promesas de cambio, y por otro, les toca competir en la arena diplomática.
En la U. de A. el ambiente preelectoral se siente, se discute sobre las posibilidades de los candidatos de algunos y se hacen cábalas y predicciones sobre quién será el rector de todos.
Más allá de las propuestas y las promesas (si es que éstas son en verdad decisivas en la elección) los candidatos enfrentan retos significativos para mantener y hacer avanzar la Universidad de Antioquia hacia el liderato nacional y regional en materia de educación superior; para hacer entrar de una vez por todas la Universidad en el siglo XXI; para mantenerla funcionando y al servicio de la sociedad; para hacerla internacional, incluyente, excelente, etc.
Todo eso está muy bien. Pero de entre la infinidad de retos que generan los motivos misionales de la Universidad, se destacan dos, que sin duda son verdaderos retos para el nuevo (o el mismo) rector: recuperar la Universidad, su espacio y el ambiente para los objetivos misionales y fundamentales, a saber: la docencia y la investigación y recuperar el papel protagónico de los profesores como eje fundamental del desarrollo de la Universidad al servicio de la sociedad, papel que se ha venido desvaneciendo por diversas razones, entre ellas, el ambiente de mercadillo, la percepción de inseguridad que ronda nuestras oficinas y aulas y la insistencia de muchos profesores (no todos) en relegar la docencia en los programas de pregrado en favor de la investigación.
Quiero dejar claro, sin embargo, que si bien éstos son retos que deben ser liderados por el rector, se lograrán más rápidamente con el liderazgo de los decanos y directores y el control de los consejos de facultad; se lograrán si quienes rigen el destino académico-administrativo de la Universidad son, como en las mejores universidades, personas con excelentes calidades académicas, con un amplio conocimiento en sus áreas de desempeño profesional y si son personas con un título de posgrado, preferiblemente doctorado, adobado con la experiencia docente- investigadora y el bagaje intelectual que da la vida académica.
La Universidad de Antioquia debe mantenerse como lugar de reflexión y discusión académica donde pueda ser posible la docencia y la investigación; debe ser un lugar que garantice una educación pertinente y de calidad para que pueda ser instrumento de equidad y redistribución de ingreso y donde la investigación esté en la agenda del día a día y al servicio del desarrollo, la innovación y, sobre todo, al servicio de los hacedores de política social; debe ser un lugar donde los profesores lleven el liderazgo de todos los aspectos misionales de la Universidad y donde la administración esté al servicio de la academia.
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