Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

REPÚBLICA FEDERADA DE ANTIOQUIA

  • HUMBERTO MONTERO | HUMBERTO MONTERO
    HUMBERTO MONTERO | HUMBERTO MONTERO
17 de septiembre de 2012
bookmark

La solidaridad con dinero ajeno es tan añeja que, de avejentarla en barricas, valdría millones el galón. A todos, pues santos varones hay pocos y no soy yo precisamente Gandhi, se nos llena la boca arreglando el mundo a golpe de trago aunque la factura se la endiñemos por decreto a otro.

Los estadounidenses y los curas suelen llevarse la peor parte. Al parecer, para la bienpensante progresía (en la que militan no pocos conservadores y liberales) los gringos y el Vaticano tienen la culpa de todos los males, por imperialistas los unos y por usureros los otros, y siempre hay quien recurre a “los tesoros de San Pedro” para apagar la sed y el hambre en el África.

Estos mismos “cooperantes de salón” son los que envían un 0,7% de sus ingresos para salvar a la tortuga boba de su extinción en Cabo Verde mientras bajo su porche duermen sobre cartones los mendigos. Como en el grupo de los que creen que la caridad empieza por uno mismo cabemos todos, habitan en él todos los colores, las clases sociales y las ideologías. Hay antisistemas que proclaman la muerte del capitalismo mientras vegetan sin dar un palo al agua de lunes a viernes -chupándole la sangre a sus familias, claro- para volcar toda su ira destructiva durante el “finde”.

También están los señoritos que llenan los cepillos los domingos mientras en casa mantienen a dos esclavas con sueldos de miseria para que les zurzan los calzones mientras ellos juegan al golf.

En España, tierra de pícaros por excelencia, sabemos mucho de este asunto. Sirva como ejemplo el caso de los nacionalistas catalanes, que agitan de nuevo el fantasma de la secesión para lograr su sueño: el superávit fiscal.

Eso después de haber despilfarrado millones y millones de euros en chorradas, como obligar a rotular todos los letreros de Cataluña en catalán cuando entre ellos hablan habitualmente en castellano (para desconcierto de los turistas, que no entienden ni papa).

Artur Mas , el cacique local (también llamado presidente de la Generalidad) y líder del principal partido nacionalista (de tendencia conservadora, de lo suyo), sacó el otro día a las calles de Barcelona a más de medio millón de catalanes, de un total de 7,5 millones, y algunos transeúntes que pasaban por allí camino de La Sagrada Familia para reclamar la independencia. Una independencia que, de entregarse mañana, sería rechazada por el propio Mas.

Lo que pretenden estos cachondos es quedarse con todos los impuestos y que, además, les demos algo el resto de los españoles como compensación por existir. Ahora que no pueden ni pagar las nóminas de sus funcionarios, con la educación y la sanidad pública -cuyas competencias están completamente transferidas a Cataluña- en bancarrota, piden 5.000 millones al Gobierno central para hoy, no aceptan ni media sugerencia sobre cómo administrar sus maltrechas cuentas y encima reclaman un régimen fiscal propio para no seguir alimentando, según ellos, “a los andaluces que se tumban a echar la siesta mientras nosotros trabajamos”.

Los insolidarios olvidan que Sevilla, Granada, Córdoba o Cádiz fueron metrópolis cuando Barcelona era un pueblucho y que en Andalucía hay tantos vagos como sinvergüenzas viven en Cataluña, y muy bien, de amenazar con la secesión.

Gracias al cielo la mayoría de los catalanes no tragan con ese cuento. Como ustedes. Aunque aún le quedan leguas por avanzar a Antioquia para llegar al grado de autonomía administrativa de que disfrutan en Cataluña y el recelo hacia Bogotá vaya en aumento, les aseguro que el camino de la solidaridad es el correcto pese a que el saldo para ustedes sea claramente negativo.

Seguro que Antioquia sería más rica, y los bolsillos de unos pocos estarían aún más llenos, si no soltara un solo peso para el resto de Colombia, pero a costa de empobrecer a sus vecinos. Y así no hay progreso posible. Hablamos de dinero, no de sentimientos. Como siempre, en política.

Para seguir leyendo

Te puede interesar

Las más leídas

Te recomendamos

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD