No será un juego, pero el equipo que acaba de conformar el recién posesionado presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, tendrá la histórica misión de ganarlo todo de ahora en adelante. No hay espacio para los errores ni las improvisaciones y España se juega el título más importante de su historia: el del rescate de su economía y, con él, la ilusión de volver a ser un país próspero, pujante y global.
El partido de cuatro años de duración, con posibilidad de prórroga, que hoy comienza a jugarse tiene connotaciones distintas: España no depende solo de sus actuaciones, sino que tendrá que esperar que el resto de equipos, llámese Unión Europea, también se jueguen el todo por el todo en la tarea de salir de la parte más baja de la tabla en la que los han puesto los mercados.
Pocas cosas juegan a favor del nuevo Presidente. Las mayorías absolutas en el Parlamento podrían significar que se sienta mejor jugando de local, pero los grandes desafíos, sin duda, los encontrará fuera de casa. Las exigencias fiscales dictadas por la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, harán más crítica, dolorosa y compleja la situación interna de España, especialmente, porque significará para Rajoy no poder luchar contra el desempleo que agobia a los españoles, sino contra el déficit fiscal, que a su vez atenta, de entrada, contra las posibilidades de crear más puestos de trabajo.
No obstante, como fiel hincha del Real Madrid, el nuevo mandatario ha echado mano de una plantilla de lujo de compañeros de equipo, sin pagar cuotas políticas. Aun así, Rajoy sabe que no podrá administrar, que no "gobernar", a España sin las tribunas llenas y con el aliento de todos los partidos, incluido el PSOE, para la fecha apaleado y con la necesidad de entrar un buen rato a reflexionar su futuro en los camerinos de la oposición.
La determinación de recuperar a España, así cueste sudor y lágrimas, allana el camino para conseguirlo, pues en las primeras de cambio Rajoy no se ha llamado a engaños. La situación económica es crítica y demandará que todos los españoles se aprieten el cinturón en momentos en que, paradójicamente, muchos estómagos están vacíos por efecto de la debacle. El discurso de Rajoy ante el pleno del Parlamento fue una necesaria y oportuna inyección de positivismo en que España, como tantas otras veces, sacará lo mejor de su gente y recuperará el sitial de honor que había tenido en Europa.
Y como son los mercados los que arbitrarán este largo partido hacia el triunfo que anhelamos todos, el Presidente del gobierno español se ha encargado de no sorprender a nadie con la designación de su equipo de trabajo, altamente técnico y, sobre todo, leal a las directrices de Rajoy, que es como decir de Aznar, pues varios de los escogidos hicieron parte de su administración.
Dentro de la línea de avanzada, los nombramientos de Luis de Guindos, en Economía; Cristóbal Montoro, en Hacienda; Miguel Arias Cañete, en Agricultura; y Fátima Báñez, en Trabajo, confirman que las prioridades están fijadas en conseguir la confianza de los agentes económicos internacionales y la solidaridad de los españoles a la hora de los ajustes, que comenzarán de inmediato.
Y como era de asegurarse plenas garantías para que nadie juegue distinto a lo que quiere Rajoy, la Vicepresidenta, ministra de la Presidencia y Portavoz del Gobierno, será Soraya Sáenz de Santamaría, quien fue su vocera en el Parlamento. Ahora sigue lo más difícil. Ponerlos a todos a jugar frente a un rival tan complejo como injusto: la economía. Esa que quita y pone presidentes, muchas veces antes de que terminen los partidos.
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