Un niño entró a una heladería y preguntó a la mesera cuánto valía un helado normal. Tres mil pesos, le contestó la mesera. El niño sacó unas monedas y contó. Luego le preguntó a la mesera: ¿Y cuánto vale el helado más barato? Dos mil quinientos, replicó la mesera, el niño pidió uno de mora y se lo comió rápido. Cuando la mesera recogió la mesa encontró al lado de la servilleta el pago del helado y una propina que juntos hubieran pagado el helado normal...
Amabilidad, capacidad de escuchar, paciencia, simpatía, pulcritud, prudencia, presteza, calma, oportunidad, discreción, atención, don de consejo, capacidad de solucionar problemas inmediatos, más paciencia, elocuencia, parquedad, silencio. Todas las cualidades anteriores y muchas más corresponden al oficio de mesero.
Porque él es embajador, director, vendedor, acompañante, cómplice, asesor. Desde que alguien se le acerca, el mesero lo recibe con un lenguaje no verbal de gozo, alegría, simpatía, decoro, agradabilidad. Sus gestos, sus muecas demuestran, sin hablar, el gusto que siente de recibir a alguien que lo va a necesitar. El mesero, desde el primer momento cautiva al comensal. Se vuelve para él en su guía de confianza. No importa si el mesero está triste, está preocupado. Quien llega a él espera una sonrisa sincera y el mesero es capaz de proporcionarla en todo momento, aun prescindiendo de su angustia interna. Un mesero se alegra de ver la gente y de poder servirle. Su orgullo es que los clientes queden agradecidos, no solamente porque pagaron un servicio sino muy especialmente porque recibieron mucho más de lo que esperaban: amistad, calor humano.
El buen mesero tiene la prudencia del sabio, el silencio del asceta, la palabra del experto. Reconoce errores y los corrige con diligencia. Acepta al cliente como es así no le guste.
Un mesero es el portador siempre bienvenido de placer no solo gastronómico sino de estar en una mesa bien servida. Una mesa bien servida que incluye, como debe ser, toda la calidad posible en el servicio.
El mesero es un ser humano excepcional, con una capacidad infinita de empatizar, de simpatizar y de armonizar. El trato del mesero empieza y termina con un saludo y una cara gozosa.
Las cualidades, pues, de los meseros, son las que pueden construir el mundo que necesitamos. Es un oficio al que es preciso rendirle homenaje permanente en todo el mundo, porque es un oficio noble, positivo, alegre. Ser portador de alegría y placer es un buen oficio, el que todos aplaudimos y deseamos.
Que vivan los meseros y que vivan para siempre. Y gracias por los siglos de los siglos.
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