Juan Manuel Santos sorprendió al país con el anuncio del tumor que le fue detectado y la determinación que tomó de practicarse la cirugía en estado consciente. Lo primero porque recibir una noticia de ese calibre en la que está envuelto el Jefe de Estado, preocupa, independientemente de las altas probabilidades de salir adelante; y lo segundo, porque surgen dudas de las verdaderas intenciones que tuvo al someterse a un procedimiento de esa naturaleza, manteniéndose despierto.
Un solo minuto de inconsciencia inducida habría obligado a que el vicepresidente Angelino Garzón tomara las riendas de Colombia y si revisamos los antecedentes de las relaciones entre los dos en estos años de gobierno, no se necesita ser muy perspicaz para darse cuenta que al primero no le gusta tener cerca al segundo, y mucho menos si queda al mando en un momento en el que su salud ha estado marcada por múltiples incógnitas que no se han podido resolver.
Aunque en el Gobierno hayan dicho que no tuvieron nada que ver con la solicitud que hizo Roy Barreras para ordenar un examen médico al Vicepresidente, y tomar la decisión en el Congreso de elegir un nuevo dirigente para ese cargo si los resultados eran adversos, pocos creyeron que la idea haya sido totalmente inconsulta.
Estos episodios tienen que servir para revisar la fragilidad en la norma cuando se habla de la sucesión presidencial y del apego al poder que pueden tener algunos. El Vicepresidente, en un hermetismo muy extraño, ha mantenido su condición lejos de la opinión pública, dejando que estos vacíos de información se llenen con rumores.
La salud de quienes nos gobiernan no es sólo asunto de ellos. Cuando decidieron someter sus nombres al escrutinio popular nos entregaron el derecho a saber en todo momento cuáles son sus facultades reales para desempeñarse en sus cargos.
Si el vicepresidente Garzón no ha sido claro por su propia voluntad, el Senado -haya participado Santos o no en esa decisión- tenía la obligación de cumplir la Ley; pero resulta que en un abierto desacato del paciente, la comisión médica de altísimo nivel que fue hasta el despacho de Angelino, tuvo que devolverse con las manos vacías porque éste no accedió a la evaluación.
Como ciudadanos tenemos todo el derecho a exigirle al Vicepresidente claridad en su condición de salud, mucho más ahora cuando el Jefe de Estado anunció sin tapujos la suya y además liberó su historia clínica para quien quiera conocerla.
La misma transparencia de Santos con respecto a su situación se la urgimos a Garzón, aunque a él no le guste hablar claro.
@carlosaperez