Ningún decreto controla en esencia la calidad educativa, lo que sí puede controlar son cifras, pero las políticas educativas deben estar orientadas a buscar las causas que están provocando este despeñamiento educativo. El sistema educativo tiene que revisar si, como el viejo pescador, sigue pescando en un río seco ya que la población estudiantil que se atiende hoy no es la misma de hace 10, 15 o 20 años, por tanto hay que implementar estrategias y elaborar proyectos que generen un impacto positivo en el desempeño académico de los estudiantes colombianos.
Hoy más que nunca encontramos en cada aula de clase un número significativo de estudiantes con estados emocionales y psíquicos alterados: depresivos, agresivos, desprecio por la vida, autoesquemas deficientes, hipersensibilidad a la crítica?, todo esto como producto de un sistema social y familiar convulsionado. Por esto hay que estructurar planes educativos donde la población que sufre malestar o trastornos emocionales sea atendida, ya que a la luz de la psicología sólo en casos excepcionales una persona con bloqueo emocional es capaz de aprovechar sus funciones mentales para efectos de aprendizaje. Hay que implementar estrategias y desarrollar acciones que generen un impacto positivo en el desempeño académico, ya que son mayores los costos económicos y sociales de la baja calidad educativa, que los que se utilicen para generar desde el Ministerio una nueva plataforma educativa que busque atender la población perturbada emocionalmente, recordando aquella frase: "ordenar la sociedad es ordenar las emociones de la sociedad".
Tal vez trabajando por un mejor ser humano se combata la mortalidad académica, la repitencia y la deserción escolar, dolor de cabeza del Ministerio y del sector educativo.
Quiero cerrar con la consigna: "La educación de hoy está frente al reto de poner la ciencia al servicio de la vida".
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