Leí por primera vez a Corín Tellado en la espeluznante salita de espera de un consultorio odontológico. Me dejó una sensación anestésica, tal vez porque en aquella tarde de los sesentas estaba de moda la dentistería sin dolor. De la revista Vanidades sólo se encontraban allí números salteados. Por ese y otros motivos no era fácil volverse lector constante de esta novelista que al morir el sábado ha sellado el capítulo final de un fenómeno literario y sociocultural examinable por más de un estudioso del parentesco entre la cotidianidad y el melodrama.
El formato de folletines o seriados, la publicación en un medio catalogado como insustancial por lo que sugiere su propio nombre (vanidad de vanidades?) y el prejuicio de las descalificaciones acomodaticias incidieron para que los relatos de Corín Tellado se encasillaran en el rango popular de los escritos narrativos de vida y sociedad, que nada tienen que ver con la novela social.
Si la copiosa creación novelística de Corín Tellado ha sido un producto enriquecido por la industria cultural y el mercadeo bibliográfico, en parte es razonable afirmarlo. El éxito fue compañía constante de la fecunda autora. Quizás lo habría ahuyentado si no hubiera sido por la fuerte vocación literaria, que además la mantuvo a salvo de las hispanísimas envidias de algunos autores y críticos de segunda y tercera categorías. Por lo que decía, no la desvelaban tales famosillos.
En la formación de este emblema de la literatura popular y masiva (4.000 títulos, 400 millones de ejemplares) habrían influido al menos dos auspiciosas coincidencias cronológicas: María del Socorro Tellado López nació en el mismo año en que se reveló la Generación del 27 y empezó a publicar en la segunda posguerra, cuando surgía el neorrealismo italiano en el cine, con Rossellini, Vittorio de Sicca y Visconti. ¿Se expandió la novela rosa de Corín Tellado como alternativa literaria ante el impetuoso séptimo arte que había debilitado el teatro?
En los círculos intelectuales y la crítica del mundo de habla hispana y en particular en el medio colombiano, las novelas de amores y odios, celos y desengaños de Corín han hecho que se rasgue las vestiduras más de un personaje. Pero puede haber más encanto, calidad estética, riqueza creativa y humanidad en sus obras que en la mayor parte de las chismografías familiares, los relatos apologéticos de la violencia y el tráfico de narcóticos, las hazañas de sujetos indeseables y las explotaciones pornosociales que abundan y se anuncian con ilusionismo propagandístico en el negocio bibliográfico nacional. Tiende a ser tan mediocre la novelística actual, que preferiría entretenerme con el nosequé de Lucha oculta o Milagro en el Camino, de Corín Tellado, en una salita de espera? y sin dolor.
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