Desde noviembre de 2007 los colombianos tenemos certeza de que lo único que llevaría al presidente Álvaro Uribe a un tercer mandato es una hecatombe.
Desde el principio fue interpretada como la excusa perfecta (por lo ambigua) para modificar nuevamente la Constitución, pero nunca pudimos entender a qué se refería el Jefe de Estado con esa palabra; un término como hecatombe en un país tan movido como el nuestro dice muchas cosas, pero a la vez no deja claridad sobre nada.
Hasta hoy, casi año y medio después, nadie se atreve a aventurar una explicación convincente, incluso creo que ni el mismo Uribe tenía claro el mensaje que dio, aunque sí la intención de dejar la puerta abierta.
En una columna publicada en agosto del año pasado decía que si el Presidente llegara a tener la seguridad de no ser percibido como un dictador al estilo Chávez no sólo en el país sino a nivel internacional, tomaría la decisión de convocar a Primero Colombia a una nueva campaña.
Lo anterior es más válido todavía cuando en noviembre se produjo el relevo en los Estados Unidos y Bush, el aliado incondicional, le dejó la oficina a un nuevo líder que fijó sus simpatías en otro latinoamericano: Lula da Silva. Obama, además, en sus primeras declaraciones en el poder dijo que no era conveniente perpetuar liderazgos.
Sin embargo, luego de regresar al acostumbrado nivel de enfrentamiento entre Chávez y sus aliados, con el gobierno norteamericano, la estrategia de Washington con una América Latina que consolida una posición antiestadounidense se podría enfocar en conservar el contrapeso que hoy tienen con Uribe.
En El Salvador, donde gobernaba un partido afín, ganó hace poco la antigua guerrilla; en Uruguay muy seguramente llegará en octubre José Mujica, que promueve una izquierda tipo Venezuela en contravía del actual presidente Tabaré Vásquez, más alineado con los chilenos. En México, según dicen los sondeos, el PRD y el PRI le ganarán espacio al PAN en las elecciones regionales y de Congreso de este año. Y en Paraguay, para rematar, ante la difícil situación económica, el presidente Lugo se hará más cercano a los chavistas de lo que él mismo desearía.
Estos signos que muestran con claridad que la expansión en las urnas de la Revolución Bolivariana no está acorralada por los bajos precios del petróleo, llevarían a Uribe a pensar en que ni dentro ni fuera de Colombia, una nueva aspiración suya sería vista como la perpetuación de un caudillo, sino como la manera de evitar que en unos años el subcontinente se tiña de rojo chavista que tanto asusta. Esta podría ser la hecatombe que impulse a un tercer mandato.
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4