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PARA APRENDER A OLVIDAR

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26 de octubre de 2012
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Me dejó intrigado el padre Nicanor cuando me aconsejó por teléfono que me sometiera a una cura de olvido. Se lo pregunté a bocajarro cuando fui a visitarlo.

-¿A qué se refería usted, tío, con eso de una cura de olvido?

El viejo cura se hizo el que no había oído y siguió podando las matas del corredor.

-Oiga, padre Nicanor, no se me haga el sordo. Qué quiso usted decir con lo de una cura de olvido.

-Sobrino impaciente, una cura de olvido es precisamente lo que estoy haciendo con estas maticas. Cortar tallos viejos y hojas secas para que aparezcan nuevos brotes y se les garanticen a estas criaturas de Dios la supervivencia, el futuro.

-Que sería decir…

-Que sería decir, hijo mío, someter los recuerdos a la poda del olvido.

-Entre recuerdos y olvidos…

-Querámoslo o no, entre estas dos opciones nos columpiamos. Cada cosa que aprendemos, cada instante que vivimos, lo bello y lo feo, lo alegre y lo triste, el amor y el odio, a todo nos apegamos. Y lo apretamos como quien cierra el puño. De pronto, abrimos la mano y vemos que hemos estado agarrando aire.

-Esos son los recuerdos. Ese es el olvido.

-Claro, hijo. El olvido es el mejor remedio contra el egoísmo, contra el deseo de poseer. Y es el mejor antídoto contra esa manía que tenemos de creernos diosecitos ("diosecitos cagados", decía Fernando González ), dueños de todo, de los demás, de las cosas, de los sentimientos ajenos.

-Ahora entiendo lo de la cura de olvido.

-Mira y verás. De los viejos amores imposibles nos redime el olvido. Y también de los rencores que nos queman el corazón, de todas esas amarguras con que nos persigue el pasado. Hasta de los dolores físicos que no nos curan las drogas, nos alivia el olvido. La vida, que es muy sabia, nos cierra el día con la noche y, en la noche, el sueño, el dormir, que es la callada liturgia del olvido.

-El poeta español Manuel Alcántara , cuyo verso "lo mejor del recuerdo es el olvido", que usted suele citar, dice en un soneto a la almohada: "La memoria es culpable, si se arrumba/ se le seca al dolor un afluente".

-Arrumbar la memoria es tirar los recuerdos al cuatro de reblujos. Puestos en la esquina del tiempo que es cada día que pasa, o cada noche que llega, hay que proclamar el derecho a olvidar. Tal vez el último derecho que nos queda, junto con el derecho a equivocarnos, que también es sagrado. Sí, hijo, lo mejor del recuerdo es el olvido.

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