El informe de los inspectores enviados por la Secretaría General de la ONU a Siria para rastrear el uso de agentes químicos en un ataque perpetrado en las afueras de Damasco, contiene pruebas de que se emplearon cohetes para diseminar gas sarín.
La cifra es contundente: al menos un 85 por ciento de las muestras de sangre tomadas dieron positivo en la prueba de detección de sarín en laboratorio. El gas, también conocido como GB, es un letal agente químico artificial clasificado como nervioso y desarrollado a finales de los años 30 en la Alemania nazi. Ataca el sistema central nervioso y es veinte veces más letal que el cianuro potásico. Como agente neurotóxico, provoca la muerte por bloqueo de la musculatura.
Aunque la misión de esos investigadores no era determinar quién fue el autor del ataque, la Casa Blanca ha acusado en distintas ocasiones al régimen de Bashar Al Assad.
Las razones para esta conclusión son las mismas que reveló el informe: se usaron cohetes de artillería cargados con armas químicas de las que el régimen dispone, contra zonas controladas por rebeldes.
"Esto es un crimen de guerra", dijo Ban Ki-Moon al Consejo de Seguridad. "La comunidad internacional tiene la responsabilidad de hacer que los perpetradores respondan y asegurar que las armas químicas no vuelvan a emerger como un instrumento de guerra", agregó.
Por su parte, E.U., Francia y Gran Bretaña advirtieron ayer al presidente Al Assad que habría consecuencias si no se adhiere a los términos de un pacto bajo el cual Siria entregará sus armas químicas.
Luego de que el presidente de Francia Francois Hollande se reuniera con el secretario de Estado de E.U. John Kerry, el secretario de Relaciones Exteriores británico, William Hague, y su par francés, Laurent Fabius, un colaborador del Gobierno de París dijo: "La idea es adherir a una línea firme".
Rusia llamó a no imponer "castigos muy duros" contra el mandatario sirio, que es un cercano aliado de Moscú.
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