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OJO Y OÍDO CON LOS CELULARES

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11 de noviembre de 2013
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Sobra decir que tengo un celular, y que entre cuarenta y cinco millones de colombianos tenemos 47 millones de esas serviciales barbaridades que ya saben hasta "volar". Si conozco uno que habla solo cuando el dueño no le pone trabajo. Pero la nota no es sobre los aparaticos sino contra las empresas, o por lo menos la que me vende los minutos y me pasa factura por lo que no he comprado. Como lo digo, porque no me interesan los grados de calor o de frío en la ciudad y me envían ese dato cada día sin que yo hubiera pedido tan pendejo servicio.

¿Cómo se llama eso de cobrar lo que no se ha dado? Los abogados deben saberlo, de momento vuelvo un poco atrás para contar que fui a las oficinas de los vendedores de minutos y me sacaron de la lista de suscriptores al servicio. Pero, señores, ¿cuándo les he pedido yo cuántos grados hay en Medellín? ¿Dónde está la comunicación, dónde está mi firma? Por favor, no sigan el camino del descrédito como lo ha hecho el Congreso porque acaban, no vendiendo minutos en sus oficinas, sino confites en Bella Vista.

A un amigo que les puedo presentar le envían chistes y al final del mes se los cobran. Y jamás, me cuenta mi amigo, ha pedido a la empresa que lo hagan reír a cuatrocientos cincuenta pesos carcajada. Póngase las pilas o cambiamos la tarjeta... como están pensando muchos.

PAUSA. Muchas veces uno es como la cara que lleva puesta.

OLVIDAR. Católicos, evangélicos y ateos nos recuerdan a cada instante que es necesario no solamente olvidar sino perdonar. Y sobre este que me parece a veces una simpleza, se me ocurre una frase que a lo mejor hace carrera y si no la hace nadie lo va a notar: y, ¿cómo se hace para olvidar si no se recuerda lo que se quiere olvidar? Eso es lo que he llamado hace muchos años minucias de la lógica popular.

Una de las cosas malas que tiene el verbo olvidar es que nos pone a recordar, es decir, que nos enfrenta con la llamada contraparte y ahí se pone amarga la vida porque más del cincuenta por ciento de los recuerdos son duros, nos golpean siempre que los traemos a la memoria y nos dañan la vida por un rato, vida que generalmente viene dañada desde atrás sin necesidad de recuerdos.

A propósito, ¿en Google o en alguna enciclopedia nos podrán informar quién inventó el olvido? Quien sabe. A lo mejor nos contestan que no lo recuerdan

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