Una profusa edición a color titulada "La Colombia vial del año 2000", publicada por el entonces Ministro de Obras en el año 90, le hizo acreedor al calificativo de "vendedor de ilusiones"; prometía corregir el rezago vial del país e invertir durante 10 años, 2.230 millones de dólares en la construcción de una moderna red de autopistas.
La infraestructura vial continúa siendo precaria y la prueba más contundente es el costo logístico que por transporte como valor agregado a las mercancías y productos es el más alto del promedio de América Latina.
De allí que las especificaciones técnicas de las vías para conectar los puertos con los centros de producción y consumo sean más exigentes en un país no sólo de ciudades mediterráneas, sino, además, situadas en lo alto de las cordilleras. O se sitúan las empresas manufactureras cerca a las zonas portuarias o se construyen modernas autopistas hasta allí.
De allí que un ambicioso proyecto corporativo promovido por el Ministerio de Transporte y con el apoyo de la Cámara de Comercio y la SAI, denominado "Autopistas de la Montaña", empiece a tomar forma bajo la perspectiva de que ISA evalúe la viabilidad técnico-económica-financiera de construir en un plazo de 15 años y por valor de 5.6 billones de pesos, 900 km de los ejes viales que pasan por la Región Metropolitana y se convierta en un nuevo Operador de Concesiones y nos lleve en menos de cuatro horas hacia la región de Urabá.
Y para ello, es preciso que a la hora de tomar decisiones en materia de diseños y construcción de las vías, no sean las especificaciones técnicas y las normas que la ingeniería de tránsito recomienda las que se ajusten a los presupuestos, como ha ocurrido en la mayoría de las veces cuando se aplican criterios cicateros y mentalidad de pobres con los cuales el país nunca tendrá una infraestructura vial competente y secularmente estaremos condenados al atraso, al subdesarrollo y mucho menos ser competitivos.
Confiemos entonces que no se trate, como se hizo en el pasado, de la reconstrucción de las vías que facilitaron la conectividad de las poblaciones, rectificando y mejorando los viejos caminos de herradura, sino seleccionando otros corredores que permitan diseñar y construir vías de especificaciones geométricas modernas para desarrollar velocidades superiores a los 80 kh.
Si la condición del Área Metropolitana quiere ser parte del mundo globalizado de la competitividad, tendrá que empezar a desplazar las industrias hacia los puertos marítimos, para lo cual es prioritario construir una moderna red de vías que permita copiar la estrategia ya aplicada por otros países; de otra forma, estará condenada al empobrecimiento y al marchitamiento por el manido argumento de que somos pobres para asumir el costo de una infraestructura moderna que por el contrario, se es pobre por lo que se deja de hacer.
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4