Cuando el papa Juan Pablo II instituyó el Congreso Mundial en las familias en 1994, muchas personas, tanto dentro como fuera de la Iglesia se mostraron escépticos frente a esta iniciativa de "prioridad pastoral" como llamó el Pontífice.
Sin embargo, este evento toma cada vez más fuerza. Las posteriores versiones, que realizado cada tres años han tenido lugar en Río de Janeiro (1997) Roma (2000), Manila (2003) y Valencia - España en el 2006 y la última en México que se realizó desde 14 al 18 de enero pasados.
El tema principal de este certamen fue el de "La Familia Formadora en los Valores Humanos y Cristianos". El evento estuvo comprendido por tres partes: el Congreso Teológico-Pastoral, el encuentro Festivo y Testimonial y la Celebración Eucarística de clausura.
Más de 10 mil personas de 98 países participaron de este encuentro en México, un país con hondas raíces cristianas pero con cientos de amenazas que hieren las instituciones familiares tradicionales.
En 2006 reconoció administrativamente las uniones homosexuales. La capital mexicana pasó así a ser la segunda ciudad, luego de Buenos Aires en aprobar esta ley. Hace cinco meses, se ratificó allí la despenalización del aborto hasta las 12 semanas de gestación.
"Este encuentro mundial es una buena noticia en este sentido. Porque si la familia está sana y sostenida, los ciudadanos son mejores y no escogerán caminos equivocados", aseguró el padre José Guillermo Gutiérrez, coordinador del Congreso Mundial de las familias, durante la presentación de este evento.
Encuentros académicos, testimonios, reflexiones de familias provenientes de diversas culturas y complejos análisis sobre la sociedad actual y los desafíos que deben enfrentar las familias cristianas, son algunos de los puntos de reflexión que hoy nutren a sus participantes y los alientan regresar a sus lugares de origen para aplicar estas enseñanzas dentro de las familias a las que pertenecen.
En México, decenas de matrimonios, así como sacerdotes y religiosos expusieron sus reflexiones. La conclusión, las familias deben siempre tener el norte claro de ser antorchas que den testimonio e iluminen una sociedad herida por la crisis de valores, el relativismo, el consumismo, la falta de tiempo y educación de muchos padres hacia sus hijos, y la soledad que tienen su raíz la ausencia de Dios en la vida cotidiana.
Fue también una ocasión para que las parejas allí presentes renovaran sus promesas matrimoniales como se hizo en la misa de clausura.
También se realizó un rosario en el que se rezaron los misterios gozosos, recordando la maternidad de María. Por cada misterio, una familia de cada uno de los cinco continentes daba su testimonio de la misión evangelizadora.
Un encuentro que debe alentar, como dijo el Papa Benedicto XVI en la ceremonia de clausura, conectado al evento por medio de una videoconferencia: "a vivir y cultivar el amor recíproco y la verdad, el respeto y la justicia, la lealtad y la colaboración, el servicio y la disponibilidad para con los demás, especialmente con los más débiles".
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