Lo que pasa en Vegas se queda en Vegas, dice un comentario popular. ¡Y en la selva!
Varias veces oímos decir a Íngrid Betancourt, Clara Rojas o Luis Eladio Pérez, que muchos hechos ocurridos en la selva durante sus cautiverios permanecerían allí.
¿Las razones? Entendibles por cierto: las condiciones del secuestro, los caminos de la personalidad que allí se descubren, las reacciones ante los vejámenes que se suman a la privación de la libertad, no corresponden a la vida cotidiana, al ser humano de siempre...
El acuerdo tácito fue roto por un libro firmado por los militares estadounidenses, que trajeron a casa dolor, ira y recuerdos que tal vez sería mejor haber dejado en la selva, pues allí sucedieron.
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