Quiero, por considerarlo premonitorio, transcribir el artículo que escribí el sábado 7 de agosto de 2010 y que titulé: Ahora, sin el poder, me declaro Uribista.
“Terminan ocho años de gobierno de Álvaro Uribe, mas no estoy completamente seguro de si sea el fin de la era Uribe. Con la autoridad moral que me da el haber podido criticar con libertad e independencia algunas de las actitudes o de las acciones de su gobierno, quiero hacer algunas reflexiones justamente cuando ya Uribe no es el dador de dádivas y prebendas.
Nunca estuve de acuerdo en que para él y para muchos de los furibistas, el 7 de agosto del dos mil dos fue el día en que nació Colombia. Desconocer todo lo hecho anteriormente o más aún, calificarlo de malo y dañino, no cabe sino en mentes calenturientas. No estuve de acuerdo ni con la primera, y mucho menos con la segunda reelección. Y no tanto por Uribe, sino porque quienes se empotran en el poder, terminan permitiendo desmanes y corruptelas.
La historia, implacable ella, hará un balance justo de estos años de gobierno. Solo quienes anidan en su corazón el odio y la animadversión desconocerán siempre los muchos aciertos de su gobierno.
El 80 por ciento de los colombianos sentimos un cariño sincero y una gratitud inmensa por dos períodos de trabajo incansable por los compatriotas.
En el 20 por ciento restante están unos pocos que tienen serias divergencias, concepciones distintas y maneras diferentes de afrontar los problemas. Estos pocos, son los opositores sinceros.
Pero hay un resto de quienes siempre son oficialistas al comienzo de los gobiernos y se van desdibujando cuando sus intereses, económicos, políticos, empresariales o periodísticos, no les son plenamente satisfechos por el príncipe. Entonces se tornan, no en opositores, sino en enemigos ponzoñosos que todo lo contagian con el chisme, la calumnia, el micrófono abierto, la pluma cotidiana, el poder de la publicidad o las actuaciones torcidas.
Uribe se merece la gratitud de los colombianos y el apoyo, sobre todo cuando las aves carroñeras empotradas en todos los estamentos de poder, nacionales e internacionales, procuran desgarrarlo. No se trata de solidaridad ciega. Mas los colombianos debemos rodear a un hombre que lo entregó todo por servir y que quienes lo odian procurarán enlodarlo en diferentes escenarios.
Vendrán golpes traicioneros y puñaladas marraneras. De mi parte, porque lo conozco desde hace más de 40 años a él y a su familia, justamente ahora cuando ya no tiene el poder, me declaro uribista”.
Lo que escribí hace dos años....
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