Una apuesta. "Un compañero de la universidad me dijo que no era capaz de meterme en estas carreras. Y ya llevo siete años". Así resume Lina Vargas su entrada a las exigentes pruebas de aventura.
Siete años más tarde de probar en el parque Tayrona, con una mínima dosis de preparación y una máxima de inexperiencia, Lina es una de las mejores corredoras de los equipos de aventura, esos que requieren siempre de una mujer en sus filas y que se encargan de recorrer el mundo en cicla, botes, a pie, o en el peor (¿o mejor?) de los casos, hasta volando.
"Uno ingresa a este tipo de competencias por dos razones: la idea de conocer lugares poco visitados, y saber hasta qué punto extremo puede llegar tu cuerpo y tu mente, de aventado. Esas ideas te mantienen en carrera", explica Lina, ingeniera de Sistemas de la Universidad Eafit, lugar en donde hizo su primer equipo, 2x2.
Desde esa primera experiencia cerca a Santa Marta, en la que ganó la apuesta de un almuerzo, hasta hoy, se convirtió en una de las mejores competidoras de carreras tipo travesía.
"Ella se le mete a todo, no se deja retar de ningún hombre y se le mide a cualquier cosa. Es muy buena en ciclomontañismo y las jornadas de trote, nadie la deja atrás. Y ha mejorado mucho en remo", sostiene Ricardo Vélez, el capitán de su actual equipo, Saferbo.
Ya es común que pase sus vacaciones metida entre el frío de los nevados, los cañones de Santander o las selvas del Amazonas. "Allá -Amazonas- duramos mucho tiempo perdidos. Éramos varios equipos juntos y no sabíamos cómo llegar a la meta. Eso no da miedo de no volver a la casa o que se lo vaya a comer un tigre, solo que te invade la ansiedad por estar en esa llegada que nunca encontrás", comenta Lina, quien resalta por no superar el metro con 65 centímetros, y que también militó en los equipos de Orbitel y Conavi.
Desde que hizo efectivo su almuerzo de ganadora, su vida cambió. "Pasé de rascarme la barriga a estar todos los días de entrenamiento".
Ahora se levanta a las 4:30 de la mañana, hace un par de horas de gimnasio, nada una hora al mediodía y trota o monta en bicicleta en las noches. En medio, trabaja en su profesión, en una empresa de servicios de Tecnología e Informática.
Sabe que su condición de mujer la hace escasa, mimada, consentida. "Pero no en las competencias. Estamos en igualdad, así como a mi me tienen que cargar la mochila en algún tramo, en otras a los hombres se las tengo que cargar".
Actualmente no son muchas las mujeres que se le midan a estas aventuras de jornadas enteras exponiendo su cuerpo a las condiciones más extremas. Y eso le gusta, así como saber que su físico, el de ahora, está para pelearle a cualquiera.
"Yo sé que los hombres son más fuertes, pero nosotras somos más cotizadas".
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