No me gustan las intrigas, no soy capaz de hacerlas y menos a la justicia.
Si no las hago a la justicia humana, menos a la justicia Divina, pero cuando supe de la muerte (que no asesinato como dicen algunos) de alias Alfonso Cano , recé un Padrenuestro, no para que Dios cambiara su decisión al juzgarlo porque Dios es justo, Dios es amor, Dios es perdón.
Recé para que alias Alfonso Cano , desde donde Dios lo tenga, haga algo para que sus amigos, los guerrilleros, entren en razón y busquen la manera de deponer las armas, promuevan la paz, dejen de asesinar a los más necesitados que dicen defender, que suspendan la destrucción de los pueblos, que no trafiquen ni cultiven más drogas para envenenar a la juventud del mundo, que liberen a los secuestrados que injustamente tienen encadenados y privados de la libertad durante tantos años.
Le pedí que interceda para que los abogados que se aprovecharon de los hechos de Mapiripán para llenarse de dinero con víctimas falsas, sean juzgados y paguen su atentado contra los dineros públicos y contra nuestras Fuerzas Armadas ya suficientemente sacrificadas.
Le rogué su intercesión para que por fin se haga justicia para condenar a los verdaderos culpables del ataque al Palacio de Justicia y la muerte de los magistrados de la Corte Suprema y para que se haga una verdadera justicia con quienes nos salvaron de ese ataque y que ahora pagan una alta condena, apoyada en falsos testigos y declaraciones amañadas.
Para que el coronel Alfonso Plazas Vega y el general Jesús Armando Arias Cabrales recuperen la libertad que han perdido por las más grandes de las injusticias de que tengamos noticia en Colombia.
Que ese Padrenuestro, ya que la oración es omnipotente, sirva también para que esas bandas criminales, apoyadas por el narcotráfico y la guerrilla, que se han convertido en lo mismo, dejen de delinquir y se sometan a la justicia para el bien de todos los colombianos.
Que esa oración sirva para convencer a todos los que se mantienen por fuera de la ley y a quienes los apoyan para que busquen la paz y así hacer una Colombia grande, justa y próspera.
Donde los recursos del Estado sirvan para mejorar la educación, la salud, las soluciones de vivienda, para el empleo y una verdadera justicia social y no se tenga que dedicar gran parte de esos recursos para combatir a quienes están acabando con el país y con los más necesitados.
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Otra cosa: recibí una explicación clara de los constructores de un edificio en la calle uno sur, sobre un reclamo mío en el artículo de la semana pasada.
Resulta que vi una columnas muy cerca a la vía que impediría en el futuro la construcción de la doble calzada proyectada desde la fallida obra 500, pero esas columnas son solamente para una oficina provisional durante la construcción y para depósito de algunos materiales, pero esas columnas serán demolidas una vez se termine la obra principal.
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