"Transformarse o morir". Esa fue la realidad hospitalaria a la que nos enfrentamos hace varios años ante la situación caótica que vivían muchas clínicas y hospitales en el país. Recordemos, solo como ejemplo, que la clínica Shaio estuvo a tres horas de cerrar y otros hospitales como el Lorencita Villegas lo tuvieron que hacer.
Una situación similar se vivió en la Clínica León XIII de Medellín, víctima del descalabro administrativo y de unos servicios realmente agonizantes.
Las causas abarcan desde un errático manejo, pasando por los típicos abusos politiqueros, desidia, falta de rendición de cuentas, hospitales sobredimensionados con grandes desajustes en su planta de personal, pasivos prestacionales desmesurados, negociaciones irresponsables de convenciones colectivas y falta de planeación.
Con este panorama, la única opción era la de "transformarse o morir", algo que algunos supieron entender. Me refiero, por supuesto, al caso palpable de la Clínica León XIII, uno de los símbolos recordados y reconocidos de Medellín y, en general, de Antioquia y cuyo funcionamiento llegó a estar hace años en verdadero estado crítico. De hecho, la Clínica tenía un déficit cercano a los 30 mil millones al año, 700 trabajadores sin los suficientes especialistas en planta y una mínima cantidad de camas en el servicio de cuidados intensivos.
Unas cifras descorazonadoras que no desanimaron a las autoridades, departamentales y universitarias a rescatar uno de los símbolos más importantes y fundamentales para la salud en esta región.
Con la valiosa participación de la Gobernación, algunos funcionarios del antiguo ISS, la Universidad de Antioquia, el gobierno nacional, y el compromiso de todos los trabajadores de la entidad, se permitió que fuera la IPS Universitaria, con la junta directiva a su cabeza, la responsable del manejo de ese barco a la deriva. Y aunque muchos no apostaron un peso en esta aventura, los datos muestran lo contrario: 3.000 trabajadores con los especialistas necesarios, 35 camas en cuidados intensivos con todo el soporte tecnológico especializado. Un aumento vertiginoso en las consultas de medicina subespecializada (de 200 a 1.164), una facturación de 10.500 millones en el mes de junio y, lo más importante, una calificación de "excelente" por los usuarios, entre otros los del antiguo Seguro Social y el prometedor puesto 31 en el ranquin que elabora la revista América Economía y que califica la calidad hospitalaria en América Latina.
Este es, sin lugar a dudas, uno de esos ejemplos de que a los pacientes no les preocupa si el hospital es público o privado, sino que les ofrezcan una buena y oportuna atención.
Y sirva también el ejemplo para hacer una reflexión y plantearnos si de verdad hubo una crisis hospitalaria como muchos la etiquetaron, o más bien deberíamos hablar de una crisis de gerencia en determinados hospitales que manejaron indebida o inadecuadamente sus recursos y su personal.
De cualquier forma, creo que la labor de la IPS Universitaria y de sus directivas con la Clínica León XIII es un ejemplo de transformación que muchas regiones e instituciones deberían imitar para mejorar el nivel de atención en salud.
La salud, como mecanismo de desarrollo, de progreso y como generador de beneficio en un proceso de transformación al que algunos se resisten pero resulta tan evidentemente indispensable.
Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
7 y 9