Hace 40 años el hombre pisó por primera vez un astro fuera de su casa. La Luna, el objetivo natural, un satélite a poca distancia, 384.000 kilómetros, que significaba grandes retos para una criatura que apenas había dado unas vueltas a su casa.
En tres años, hasta 1972, 12 hombres caminaron sobre la superficie selenita: los últimos seis manejaron un vehículo lunar para extender la exploración. Entre todos sumaron casi 72 horas caminando sobre ese cuerpo rocoso.
La hazaña comenzó el 20 de julio de 1969, cuando el astronauta Neil Armstrong pisó suelo tras descender con lentitud por la escalerilla adherida a una de las patas del módulo lunar Eagle (Águila). Eran las 9:56 de la noche. Pocos minutos después se le unió su compañero y piloto del Módulo Lunar, Buzz Aldrin. De la Tierra habían partido cuatro días antes. Y el mundo, que no tenía más de 3.000 millones de habitantes, seguía expectante en la primera gran transmisión de televisión en directo de la historia.
Aunque sólo permanecieron dos horas y media por fuera de Eagle, estuvieron 21,6 horas sobre la Luna, casi todas a bordo.
Aunque tras el anuncio en 1961 del presidente John F. Kennedy de llegar a la Luna antes de terminar esa década, la actividad fue febril y pasaron misiones como la Mercurio, que sólo llevó de a un pasajero para darle vueltas a la Tierra, hasta las recordadas Gemini, que permitieron las primeras caminatas espaciales, el programa Apolo se sucedió con rapidez: del 11 de octubre hasta el 18 de mayo cuatro naves se fueron acercando de a poco a la Luna y ensayaron equipos y módulos.
Alunizaron seis Apolo. De la 11 a la 17, menos la 13, que debió abortar cuando iba en camino, por un serio desperfecto técnico.
Si no dejamos la Tierra ¡nos quemamos!
Aunque pudo nacer en un arranque presidencial para ganar la partida a sus rivales soviéticos, la conquista de la Luna señaló con claridad el camino para la humanidad.
En 1.100 millones de años, el Sol será un 11 por ciento más brillante, señal anticipada de su prolongada agonía y la temperatura en la Tierra alcanzará 50 grados. La vida no desaparecerá, pero...
En 5.000 millones de años sí. La estrella será una gigante roja, que podrá engullirse la Tierra. No quedará nadie. No hay discusión. A menos que...
Como lo proponen Greg Laughlin de la Universidad de California, su colega Don Korycansky y el astrónomo de la Universidad de Michigan Fred Adams, se podría mover el planeta mediante un complicado juego con otros cuerpos que suena hoy a ciencia ficción.
O a menos que los terrícolas vivan ya en otros planetas. Si hoy se fueran a trasladar todos los humanos, se requerirían 1.000 vuelos diarios de transbordadores espaciales y 2.700 años.
¿Entonces? El reconocido físico y científico Stephen Hawking afirma que la única manera de evitar la desaparición de la especie es comenzar a explorar otros mundos pronto.
Para él, a la Luna se debe ir hacia 2020 y cinco años después a Marte. Y en 200 a 500 años estar en un viaje interestelar hacia alguno de los planetas tipo Tierra en las 1.000 estrellas a 30 años luz de nosotros.
Se requerirían más recursos. Hoy la Nasa, según reportaba el hoy ex director, Michael Griffin, ensaya la nueva de generación de cohetes, Ares, cuyos chequeos han mostrado fallas no superadas aún. Y se diseñan la cápsula espacial, Orión, y el módulo de descenso, Altair, para tener una base lunar en 2025. Un paquete llamado Constelación, que vive bajo la amenaza de, contrario a lo requerido, un recorte presupuestal de la administración Obama.
El regreso a la Luna comenzó. En órbita se encuentra el Orbitador Lunar de Reconocimiento, lanzado hace pocas semanas. Durante un año volará en una órbita polar baja, a sólo 50 kilómetros sobre la superficie del satélite, en busca de sitios seguros para el alunizaje de la próxima misión tripulada.
El asunto es tener la motivación que tuvo el presidente John F. Kennedy cuando ordenó conquistar la Luna en la década de los 60. El programa llegó hasta la Apolo 17. La 18 y la 19 fueron candeladas por recorte presupuestal. Pareciera que hay tiempo de sobra, peor los obstáculos técnicos son innumerables y difíciles de salvar. Claro que para más de uno, qué importa si nos convertimos en chicharrón.
La nave que nunca llegó
Tras 55 horas y 55 minutos de vuelo, se produjo un ruido extraño. Tras advertir al Centro Espacial, el comandante James Lovell y los pilotos John L. Swigert y Fewed Haise no tardaron mucho en evaluar los sistemas: dos de las tres celdas de combustible, por una razón desconocida, habían dejado de funcionar.
Si querían sobrevivir, requerirían suficiente oxígeno, agua y potencia para el viaje de regreso. En las celdas el oxígeno y el hidrógeno se combinan en las celdas para producir energía y agua. Con dos averiadas, al tercera se agotaría pronto. Sin energía en el módulo de servicios, dependerían del sistema de control ambiental del módulo lunar para remover el dióxido de carbono, diseñado para atender dos personas durante 30 horas y no tres por cuatro días.
No habían sido tan desafortunados. El accidente ocurrió temprano en la misión. El margen de maniobra era estrecho, pero contaban con el motor del módulo lunar para volver a Tierra. La preocupación era el filtro de CO2, que dejaría de funcionar mucho antes del retorno a casa. ¿Qué sucedió? Con premura, los técnicos en tierra estudiaron cómo instalar los filtros del Módulo Lunar en el Módulo de Servicios. Lo lograron tras día y medio de trabajo y transmitieron a la tripulación cómo hacerlo. Con pedazos de vestido, plástico y otras partes añadidas, lograron la instalación. Y funcionó.
Lo otro fue mecánica de encendido estratégico de motores del Módulo Lunar para colocarlos en posición de retorno: asegurarse de que el motor tenía la posición correcta,, lo que no fue sencillo por el reflejo solar, pero con la ayuda de la base y la observación del Sol y la Tierra en creciente lograron la dirección requerida.
El 17 de abril de 1970, cinco días después de la partida, la nave cayó al Océano Pacífico a tan sólo 6.5 kilómetros de los barcos de recuperación.