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LA CONFIANZA

  • HERNANDO URIBE C., OCD | HERNANDO URIBE C., OCD
    HERNANDO URIBE C., OCD | HERNANDO URIBE C., OCD
23 de agosto de 2012
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Confianza es una palabra hermosa. Pertenece al inconsciente colectivo. A todos nos cae bien. Quien la pronuncia crea una atmósfera de calor humano, y si se refiere a Dios, el bienestar es completo.

La confianza es fruto de la necesidad. Me descubro pobre, frágil, necesitado, y por eso busco una base sólida en qué apoyarme, que me hace rico, fuerte, feliz. La confianza me da alas para volar por el espacio infinito, Dios.

La confianza es obra del amor, el arte de hacer unidad de dos. Por amarnos, yo confío en ti y tú en mí. La confianza es la mejor prueba de que tengo un amor pleno. Tengo confianza cuando amo con todo el corazón.

Si la confianza es obra del amor, es largo el camino que tengo por recorrer. Mis sentimientos, pensamientos, palabras y acciones desconocen la seguridad que tienen en ella su inspiración.

Por confiar poco en mí, confío poco en ti, en los demás. Mi confianza está condicionada por mi pequeñez en el amor. Espero que confíes en mí para yo confiar en ti. Yo no tomo la iniciativa y tampoco tú. Nos quedamos en el anhelo de confiar.

La confianza en cada ser de la creación tiene en Francisco de Asís un maestro incomparable: ‘hermano sol, hermana luna, hermano lobo’. Su ternura derrite en confianza el corazón.

A Job lo visitó la desgracia en el cuerpo y en el alma, en la familia y en los bienes. Al lector lo llena de asombro la grandeza de su reacción. “Aunque me mates, seguiré confiando en ti” (13, 15).

El Maestro Eckhart usa un lenguaje sorprendente. “Si pones toda tu confianza en Dios, Él se convierte en tu mejor garantía y tu confianza será mil veces recompensada. Así como tú nunca puedes amar demasiado a Dios, tampoco podrás jamás confiar demasiado en Él”.

S. Teresa es un testigo admirable de la confianza en Dios. “Siempre en todas las cosas me aconsejaba este Señor, hasta decirme cómo me había de haber con los flacos y con algunas personas. Jamás se descuida de mí […]. Sea bendito por siempre, que tanto cuidado ha tenido de mí (Vida 40, 19-17). Mi corazón se embelesa leyendo esta mujer.

Escucho un cantar: “¡Qué dulce es un pecho amigo / que entienda nuestro sufrir!”. La confianza pertenece al juego impalpable del mejoramiento recíproco. A no dudarlo, es ella, la confianza, el camino de la felicidad n

Monticelo, Casa de Espiritualidad.

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