En medio de las dificultades que trajo la inundación de sus cabeceras municipales, los habitantes de Vigía del Fuerte y de Murindó las supieron sortear, aprovechar y hasta disfrutarlas.
En Vigía las motos, pues allí no hay automóviles, le dieron paso a las canoas, a las pangas y a las tapas de los tanques de agua convertidas en vehículo de transporte.
"Tienes que aprender a manejar tapa", le decía un niño a otro al ver que no era capaz de maniobrar y se chocaba con una canoa que pasaba en ese momento, mientras él con destreza avanzaba por la calle convertida en río.
En ellas recorrían una y otra vez el pueblo, hacían los mandados de la casa, visitaban a sus amiguitos y se divertían.
Los jóvenes, por su parte, en las tardes salían a pasear en sus canoas. Otros, una gran mayoría mujeres aprovecharon para aprender a manejar canoa porque no había el peligro de las corrientes del Atrato.
Jeferson dice que "el que no sabe manejar Canoa es que no vive aquí".
Y es que la principal actividad de estas poblaciones es la pesca y desde niño se ejerce. Desde muy temprano las orillas del río Atrato son surcadas por cientos de canoas tripuladas por niños, jóvenes y ancianos.
Canoas, que con la inundación muchos usaron para ganar un dinero extra transportando a quien no quería o no podía mojarse o haciendo mandados.
Algunos pobladores que acostumbraban recorrer a pie el pueblo para ofrecer legumbres, pescado u otros productos, cargaron sus canoas, echaron mano del canalete y salieron a vender.
Para los niños el hecho de que los parques y las canchas se convirtieran en lagunas no fue problema. Por el contrario las voladas de los arqueros y las chalacas de los delanteros no tenían las posteriores consecuencias de los raspones y de los morados que dejan la arenilla o la grama y las caídas de los columpios y pasamanos no pasaban de una chapuceada.
Los juegos de mesa se pusieron al orden del día en tiendas y casas. Los que si sufrieron fue los dueños de las discotecas pues bailar con el agua a la cintura no es nada fácil o más bien resulta incomodo para llevar el paso.Un regaño
La inundación ocasionada por el desbordamiento del río Atrato cambió la rutina de Murindó y especialmente de Vigía del Fuerte, pero en el fondo es un regaño por el tratamiento que se le está dando y que lo sedimenta cada vez más lo que hace que busque por donde correr sus aguas.
Sus dirigentes son conscientes de ello y por eso el alcalde de Vigía, Manuel Humberto Moreno ha hecho un llamado para conformar un frente común con el fin de dragar las bocas del río.
También están en alerta porque cuando el agua baja y retorna a su cauce normal vienen las verdaderas dificultades con las enfermedades endémicas y los que hoy más gozan, los niños, mañana padecerán con sus consecuencias.
Hoy están anegados, pero vendrá otra inundación, la de las plagas, y con ella los sufrimientos.
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