Desordenado, despreocupado y feliz con los errores que ha cometido. Él se siente tranquilo con cada paso que ha dado, desde sus fracasos amorosos, hasta piensa que las cosas en las que se gastó su primer millón fueron un poco tontas y reflejaban algo de la época por la que estaba pasando con Bacilos, la agrupación con la que este costeño con corazón rolo se dio a conocer y con quienes, por ahora, no quiere volver a tocar.
Está radicado en Miami y va por su segundo disco como solista. Su sonido es más fresco, relajado y no se ciñe a un estilo u otro. Se siente libre y lo demuestra en su última canción, Todo lo que quieres es bailar.
¿De dónde salió Todo lo que quieres es bailar?
“La canción fue escrita por Descemer Bueno y surge de una conversación. Estábamos hablando del público latinoamericano y decíamos que todo lo que quiere es bailar, disfrutar, pero también surgió esa historia de un señor que está bailando con una chica y quiere llevársela a algún lado pero ella todo lo que quiere es estar ahí bailando”.
¿Le pasó eso alguna vez?
“Sí, me ha pasado muchas veces. Hace rato no me pasa, pero entre los 15 y los 35 sí me pasó un par de veces”.
¿Y qué es lo que usted siempre quiere bailar?
“Yo bailo lo que sea pero muy mal. Tú me pones lo que sea y yo soy el clásico hombre colombiano que bailo lo que me pongan, brinco con cualquier cosa. Tango es lo único que me queda difícil”.
En 1990 se fue a Londres a estudiar Ciencias Políticas, ¿en qué momento se dio cuenta de que lo que quería era la música?
“Siempre lo sentí pero en el momento en el que me quedé sin plata en Londres tuve que hacer algo. Entonces empecé a ganar dinero haciendo música en la calle, tocando con una guitarra y un sombrero puesto en el piso. Ganaba más que un camarero de desayunos y haciendo eso me tocaba levantarme a las 5:00 a.m. Me di cuenta de que si iba y tocaba en la calle me echaba una parranda y terminaba haciendo más plata. Eso fue lo que cambió mi forma de pensar”.
¿Entonces fue una decisión que tomó por plata?
“Pues yo creo que uno es lo que uno es. Obviamente se tiene una vocación y hay gente que se rehusa a ella y se mantiene en los parámetros de la sociedad y hay gente que no. La plata es una cosa que se hace de cualquier manera, uno puede hacer cosas legales o ilegales que generan dinero y ese no es el punto. La parte económica a veces es demasiado sobrevalorada. Deportistas y músicos nos dejamos llevar por la vocación”.
¿Cree que usted persiguió a la música o la música lo persiguió a usted?
“Un poco de las dos. Mi mamá era profesora de guitarra, mi abuelo era compositor de música clásica, mi abuelita tocaba piano, mi tío abuelo era compositor. Yo vengo de una familia de músicos, mi prima segunda es María Olga Piñeros, la mejor cantante de ópera en Colombia, entonces en ese sentido la música me persiguió. Pero, a veces, cuando me confío mucho de eso la calidad de mi trabajo se estanca, ¿y cómo se avanza? En una sala de ensayo”.
¿Y cuándo se sintió estancado?
“Lo siento a cada rato. Yo soy muy vago. Con las motos me vuelvo loco, las empiezo a estudiar, las monto y me pongo a pensar en cuánto tiempo le estoy dedicando a la música y cuánto a lo otro. Entonces todo me empieza a sonar igual y me doy cuenta que no estoy bien”.
¿Extraña a sus compañeros de Bacilos?
“¡Na!, no mucho. A veces sí, a veces no. Creo que es más por la obsesión que le veo a algunas niñas que me dicen que vuelva con ellos. Yo creo que fue una etapa chévere que ya pasó. Estoy contento trabajando con diferentes músicos. Prefiero otros encuentros a tener que tener compromisos a largo plazo”.
¿Y en temas del corazón es igual?, ¿no le gustan los compromisos?
“En el corazón soy un desastre. Últimamente he estado más juicioso, he comenzado a madurar”.
¿Ahora cómo está?
“Estoy casado y tengo dos hijos. Me encanta ser papá”.
Una de sus canciones es Mi primer millón, ¿qué compró cuando se lo ganó?
“¡Uf! Compré de todo. Muebles, creo que por ahí quedó para comprar una casa en La Candelaria en Bogotá, viajes, ropa, fui a muchos restaurantes, compré muchos instrumentos. Era un desorden, como buen artista, como buen nuevo rico”.
Ahora vive en Miami, ¿qué siente cada vez que vuelve a Colombia así sea de promoción de sus canciones?
“Me encanta estar acá. Tengo una casa en Bogotá y gracias al alcalde Moreno y a todo el Polo Democrático cada vez es más difícil volver a la ciudad. Pero tengo fe de que en algún momento todo cambiará. Yo compré una casa y me demoraba 20 minutos del aeropuerto a ella y al año y medio era una hora y media. Le tengo fe a Colombia. Sé que la gente ha pasado por un proceso de aprendizaje de democracia interesante y espero que sean sensatos y aprecien los cambios positivos que se han dado en los últimos años y así, que este sea un espacio más agradable para vivir”.
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