El cuadro del Corazón de Jesús está parado en la entrada, echándole la bendición a la puerta. Ya no puede exhibirse en el lugar de siempre porque la sala se hundió.
El viernes, a eso de las 5:30 p.m., María Esther Martínez y su nieta Manuela se percataron de un pequeño hueco en el sitio en el que tenían unos muebles, el equipo de sonido, el computador y algunos juguetes de la niña.
"Cuando menos pensamos, nos caímos". En ese lugar hoy se observa un boquete de forma cuadrada, de cerca de un metro de profundidad, en el que están las baldosas quebradas.
El susto todavía tiene a María Esther con dolor de cabeza. Lleva ocho años viviendo en arriendo en ese lugar, en el barrio Buenos Aires, en un callejón que guarda varias casas, por la carrera 29 con la 47.
Los vecinos la auxiliaron. Ellos le guardan parte de sus pertenencias y le dan posada en las noches, porque temen que los pisos y hasta los muros sigan cediendo.
Pero no solo su vivienda presenta problemas. La residencia contigua tiene grietas y humedades, una situación común en otros hogares.
Están preocupados
En la casa de Graciela Cañas viven, en este momento, siete personas. El muro que da a la de María Esther está agrietado y el de la parte de atrás, junto a una barrera en gavión, se siente mojado. Y la humedad se extiende por otras habitaciones.
Lo que le pasó a su vecina la inquieta, porque entre los residentes de este sitio, que tiene construcciones de más de 50 años, hay temor por los cimientos. "Una vez para un trabajo que íbamos a hacer, metimos una varilla por la grieta y eso estaba coco", cuenta Graciela.
El muro de contención de atrás, que los separa de una de las sedes de la Universidad Cooperativa también los pone a pensar, pues confirman que la parte que está en gavión se está desprendiendo y se filtra el agua.
Una parte ya fue recubierta con concreto por ese plantel educativo, y Claudia Palacio da fe de que eso quitó a su vivienda del peligro.
Luz Valencia, que lleva 24 años residiendo allí, tiene varias humedades y expresa que, en varias ocasiones, han invertido recursos en tratar de mejorar la situación.
Entre los habitantes se comenta que por la parte trasera pasa una quebrada y eso sumado a los desagües que les caen de las construcciones más altas, aumenta la afectación en esta temporada de invierno.
El Simpad recomendó un evacuación temporal de la casa de María Esther, pues el colapso se presentó porque no tenía los soportes adecuados. "No hay una norma técnica de construcción", dice el director Camilo Zapata.
Ahora, esta mujer, su hija y su nieta, están en una búsqueda desesperada: deben arrendar una nueva, pero los costos se les subirán, pues no ha podido encontrar del mismo precio que pagaban.
En las cuatro residencias más afectadas los rostros de sus habitantes son de desconcierto. No quieren que les suceda lo mismo que vivió su vecina. Ese hueco cuadrado sí que los asusta.
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