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¡HAY QUE METERLE CORAZÓN!

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19 de octubre de 2013
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A los pobladores de nuestra querida Medellín nos embargan sentimientos revueltos por la tragedia ocurrida en el conjunto residencial Sapace.

Dolor por todas las víctimas: Esteban Cantor, quien pereció; por Yamid Lopera y Adrián Colorado, heridos. Por la situación de los desaparecidos Albeiro Alcaraz, James Arango, Álvaro Bolívar, Jaime Botero, Carlos Botero, Ricardo Castañeda, Wbeimar Contreras, Iván González, Diego Hernández y Alfonso Marín, y por los acongojados familiares. Sentimiento de pesar y solidaridad para con los cientos de personas que perdieron todo: sus casas, sus enseres, sus objetos más preciados, en fin, las cosas conseguidas a lo largo de años de trabajo.

Sentimiento de gratitud para el "héroe sin capa" (como lo llaman los sobrevivientes de Space), ingeniero geólogo Jorge Gómez director (e) del Departamento de Atención y Gestión del Riesgos y Desastres (DAGRED), porque atendió personal y solícitamente el llamado angustioso que hicieron algunos de los residentes, que vieron con preocupación los daños que presentaba la torre seis del conjunto residencial, y por el rigor y la determinación con las que tomó la medida de desalojarlo, a pesar de que contrariaba el concepto emitido por el calculista de la constructora CDO, y que evitó que la tragedia no fuera mayor. También, reconocimiento para las demás entidades de socorro.

Repudio para todos los entes de control de la construcción y sus funcionarios mediocres y corruptos: Planeación Municipal, encargada de hacer el "recibo de obra" previo permiso de ocupación y, las curadurías urbanas, encargadas de verificar el cumplimiento de los requisitos de ley consignados en el decreto 1469 (normas urbanísticas, condiciones de sismorresistencia, etc.) Estas últimas que, aunque son oficinas públicas y deberían velar por la ciudadanía, funcionan como entidades privadas.

No tiene presentación y genera un profundo sentimiento de rechazo que quien ofició como curador de la obra Space, y recibió beneficios económicos de acuerdo con el número de metros de construcción que aprobó, casualmente viviera allí y que el mismo gerente de la constructora dijera que es posible que "parte del apartamento haya sido pagado con las expensas". Curioso, además, que la esposa de dicho curador haya adquirido un apartamento en el edificio Asensi, ubicado frente al anterior y levantado por la misma empresa.

Sentimiento de censura para la mayoría de las constructoras porque, con la complicidad de los entes de control, se han convertido en grandes deforestadores y desestabilizadores de las laderas del sur del Valle de Aburrá y, por consiguiente, en culpables de buena parte de los problemas que hoy aquejan este sector de la ciudad.

Irresponsables que han ignorado zonas con suelos inestables que estaban sostenidos por las arboledas que asolaron. Porque se han pasado por la faja las normas de los retiros de aguas y de espacios públicos y se han atrevido a tapar o desviar quebradas para poder levantar sus proyectos, unos encima de los otros, horrorosos bosques de concreto.

Culpables de la saturación de construcciones de pacotilla, como las que suele construir la empresa CDO, en las que seguramente rebajan materiales o los utilizan de baja calidad o extranjeros (hierro, acero, porcelanatos, etc. chinos), importados o quizá de contrabando, con el fin de abaratar costos y aumentar sus ganancias, sin tener en cuenta que estas prácticas atentan contra quienes hacen empresa y generan empleo legalmente.

Ojalá las investigaciones y sanciones prometidas al calor de la tragedia no se queden, como siempre, en veremos.

Sentimiento de desprecio para la empresa Lérida CDO S.A. porque, culpables o no, ante una tragedia de esta magnitud, no basta con dar la cara ¡hay que meterle corazón….

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