Trabajar para otros no es nada anormal en el mundo moderno. Pero trabajar para que otros lo maten a uno, sí.
Claro que en este caso el burlador es el que resulta burlado. La oruga del tabaco (Manduca sexta) emite al comer la hoja secreciones orales con una sustancia particular que desencadena un cambio en un volátil verde de las hojas de la planta, convirtiéndolo en un olor atractivo.
Pero los atraídos son los enemigos naturales de la oruga, chinches de grandes ojos del género Geocoris, que no sólo dan cuenta de la oruga sino de los huevos que en la planta deposita la mariposa que surge de la oruga.
El hallazgo lo realizaron científicos del Max Planck Institute y fue publicado en Science.
Lo que el estudio refleja es la compleja red de defensa de una planta: no sólo pueden producir toxinas para combatir al insecto que las ataca, sino expeler moléculas olorosas que son percibidas por depredadores de los insectos.
"La planta no puede ver su contrincante, pero siente qué tiene la larva en sus sustancias digestivas en las secreciones orales cuando entran en contacto con las hojas", dijo Silke Allmann, estudiante de PhD en el Departamento de Ecología Molecular.
Pese al estudio, nadie sabe aún porqué la oruga produce una sustancia que, al fin de cuentas, la matará.
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