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Guillermo Martínez dejó un legado de valores y amor

16 de abril de 2013
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AGuillermo Martínez Villa su familia lo recuerda como un hombre cariñoso y trabajador, dedicado a los suyos, y con una especial sensibilidad por el servicio y la atención al prójimo.

Esta semana, con ocasión del centenario de su nacimiento, el 15 de abril de 1913 en Santa Fe de Antioquia, sus allegados han evocado a aquel hombre que estuvo casado con Nelly Arango y fue padre de siete hijos, y ejemplo para sus 13 nietos. Estuvo casado en segundas nupcias con Gilma Velilla.

Guillermo fue un trabajador, incansable, que vio en cada tarea, por humilde que fuera, la oportunidad de crecer como ser humano, compartir con otros y recibir ingresos que le procuraran bienestar, principalmente, a su familia. Vendió panela en el mercado, fue dependiente de comercio y mientras cursaba sus estudios de Derecho se ocupó como obrero tapizador en una mueblería.

A propósito de sus estudios, Martínez se graduó como bachiller del Liceo Antioqueño de la U. de A., y en 1936 como estudiante de Derecho, hizo parte del grupo de entusiastas que dio nacimiento a la Universidad Católica Bolivariana, hoy Universidad Pontificia Bolivariana.

Sus hijos José Antonio y Javier Ignacio son abogados de la misma institución.

Jorge Martínez, el hijo mayor, precisa que su papá, fiel a su capacidad de servicio, fue concejal de Medellín, diputado de Antioquia y secretario de Hacienda y Gobierno. Su último cargo público lo desempeñó como gerente de Benedán.

Al preguntarle por él, vienen a su memoria las palabras lector, historiador, conversador, casi poeta, que prefería manejar un perfil bajo y discreto.

Catalina Betancur, la nieta mayor, hija de Marcela Martínez, lo define con certeza: "fue un abuelo alcahueta, un abuelo compañía, un abuelo charlatán, dueño de una chispa y de un humor extraordinario. Fui la nieta consentida. Me enseñó a montar a caballo, fui finquera con él, estudié derecho como él. Fuimos muy unidos hasta sus últimos momentos".

Catalina destaca a su abuelo como ejemplo de honestidad, y al evocar sus enseñanzas en la crianza de su hijo Sebastián, tiene presente la solidaridad con las personas más necesitadas. "Mi abuelo siempre estaba dispuesto a oír a los demás, sus historias y necesidades, los comprendía. Él tranquilamente podía hablar con el gobernador o un ministro o sentarse con el mayordomo de la finca a tomar aguapanela en una totuma. Él no hacia diferencia".

Los seis hijos que le sobreviven: Jorge, Juan Guillermo, Marcela, José Antonio, Claudia y Javier Ignacio, recordarán hoy su legado, y en una ceremonia religiosa expresarán su gratitud y admiración, en compañía de familiares y amigos.

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