Se quedaron sin piso. Fue literalmente lo que les ocurrió a los astronautas Ryan Stone y Matt Kowalski, los personajes de la película Gravedad, que el pasado domingo fue la más premiada en los Óscar con siete estatuillas.
La basura espacial esta vez le jugó en contra al transbordador Explorer en el que ambos astronautas emprendieron su viaje fuera de la Tierra. La nave quedó destruida. La comunicación con Huston se rompió. Dos astronautas quedaron a la deriva. El resto de la tripulación murió.
No perdieron comunicación entre ellos y discutían la manera de cómo regresar a la Tierra con tan pocos recursos, cuando el oxígeno y el alimento escaseaban tanto como las posibilidades de vida, y después de haber dado veloces vueltas en el espacio con efectos tan especiales de sonido y movimiento, que incluso llegan a marear al espectador.
Una película que transmite con una excelente actuación la desesperación extrema de Ryan (Sandra Bullock ), quien cumplía su primera misión espacial. Desesperación que se complementa con la calma del veterano Matt, (Gorge Clooney ), quien realizaba su última misión antes de retirarse. Kowalski, a pesar de la tensión tan aguda como inusual que vive, no deja de aconsejar a su novata compañera de trabajo, con calma e incluso sentido del humor, e indicarle que existe una manera de que regrese a la Tierra. Le repite varias veces que haga lo que él indique, pues si se va tercamente por su propio camino, correrá el riesgo de morir perdida en el espacio.
Me gustó de Gravedad la creatividad del argumento, del escenario, la emoción que generan en el espectador los nudos que van surgiendo en esta trama y la manera casi impensable, pero no imposible como estos se van desatando.
Una película en la que hay un constante diálogo entre la vida y la muerte y en la que Ryan, al verse a punto de perder la vida, va mezclando reacciones llenas de desesperación con salidas más reflexivas y pausadas. La joven astronauta, suspendida en el espacio, inmensamente lejos de cualquier posibilidad de vida y de comunicación, donde sus lágrimas ni siquiera pueden rodar porque no hay una gravedad que las atraiga, vence la tentación de sucumbir intentar regresar a la Tierra.
Me llama la atención también que esta producción destaque que en momentos de extrema soledad y desesperación, el ser humano tiene también una tendencia natural a hacer un momento de oración y pedirle a Dios una salida.
Resalto de Gravedad elementos tan nobles como el dar la vida por los demás, el ver que la calma puede traer decisiones más acertadas, incluso en momentos límite como el que viven ambos astronautas. Enseña a confiar en los consejos e indicaciones de las personas mayores y más expertas y no aferrarse a los criterios propios, que no siempre son los más acertados.
Una película que con un argumento creativo, atrapa al espectador y lo deja con una sensación de triunfo sobre una adversidad tan extrema como la que vivieron ambos astronautas tras el colapso del Explorer.
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