La invitación era bastante tentadora como para decir que no. Una jornada de manejo por cerca de 400 kilómetros ida y vuelta entre Medellín y Doradal a bordo de un Mini Cooper.
Pero no era solo eso. El auto compartiría asfalto con verdaderos curtidos en eso de comer kilómetros: BMW Z4, Audi TT, Mercedes SLK, además de un par de Porsche (un 67 y un Cayman S).
Una oportunidad de oro para que el pequeño demostrara sus cualidades como máquina deportiva y en el marco de un escenario que le permitió conocer en pocas horas diversas condiciones de terreno y clima.
En el punto de encuentro, los Mini que acudieron a la cita, tanto en su versión tradicional como varios Cooper S, no desentonaban para nada con el paisaje de diseños deportivos con los que la vista se encontraba. En ello la combinación de colores de carrocería y techo que usa la marca ayuda a que el vehículo se destaque.
Adentro, una vez sobre la plaza del ocupante, la posición reafirma la sensación de estar en un deportivo. Y la mezcla de elementos modernos con un toque retro en sus controles basculantes captan la atención. Claro, además del gran reloj que marca la velocidad en todo el centro del salpicadero.
En marcha
Ya la llave está puesta en la ranura correspondiente. Su arranque es pausado, pero solo por unos segundos, porque con su caja corta, que escala en el tacómetro de forma ágil, las marchas se van sucediendo de forma paulatina y el Mini comienza a mostrar de lo que es capaz.
Una vez salimos del perímetro urbano por la vía Medellín-Bogotá, las, en términos generales, buenas especificaciones del camino permiten sacarle jugo a la máquina tetracilíndrica y a sus 1.600 centímetros cúbicos.
El ascenso de Medellín a Guarne permitió escarbar en la caja y comprobar sus buenas relaciones y la bondad de la recuperación entre marchas. Un atributo que le da al carro además de un manejo picante, la seguridad de poder salir de situaciones complicadas o, simplemente, rebasar vehículos más lentos sin problemas.
Entre Guarne y El Santuario, con un tráfico muy liviano y un firme bien trazado, el turno es para el pedal derecho que no se cansa de hacer subir la aguja del velocímetro y demostrar cómo adentro de esa figura compacta lo que hay son caballos para empujar con fuerza.
Que se pega, se pega
Y en la ruta de descenso hacia Puerto Triunfo y el corregimiento de Doradal, domar esos caballos de potencia, 120 en total, es una tarea divertida.
Una ruta con una mayor presencia de curvas, algunas exigentes por su configuración, ponen de relieve que una de sus fortalezas es la forma como el carro se pega en el piso. En buena medida por el paquete de suspensión, dura sí, pero necesaria para que en la medida que se aumenta la alegría en la conducción, también la seguridad se haga presente. Esto sumado a una dirección confiable que lleva el carro donde su conductor lo quiere poner, hacen de la experiencia de manejo del Mini un asunto que va más allá del simple hecho de transportarse sobre cuatro ruedas.
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4