Entre toda esa gente que pasa. Entre todas esas manos que tocan. Entre todos esos libros de historias distintas, pero igual de rectangulares. Entre todos esos tan importantes hay otras letras y otros objetos que se esconden.
En la esquina de una de las mesas del Callejón de las palabras, la librería, envueltos en papel café, están los merecedores de las palabras de Fernando Ríos : “Sorpresita literaria a tres mil, dos por cinco mil”. Empacados hay libros de arte, literatura, poesía. Solo que, hasta no hacer el canje con los tres mil pesos, no hay posibilidad de saber cuál es el título y el autor de ese que está en secreto.
Él tiene una intención literaria. “Se trata de darle algo lúdico a la venta y un toque juguetón a la lectura”. Solo pide confianza. La garantía es que no hay autoayuda. Lo demás es suerte.
De película
Es difícil llegar hasta las ranas de chocolate y no porque estén muy lejos. En toda la mitad del Orquideorama, donde se ubica la oferta comercial, aparece la tienda Ollivanders. Entre los libros de Harry Potter, el Señor de los anillos, Los juegos del hambre, están esos objetos característicos de ellas.
“Todos los artículos de las películas”, dice Alejandro Caballero , el dueño. Así, como si tuviera polvos mágicos, van llegando niños, medianos y grandes a preguntar por las varitas de sauco y la snitch de Harry Potter, el Anillo Único de Sauron o los Angry Birds, que Alejandro sumó hace poco.
Casi que es, pregunte por lo que no vea. Solo que esos dos que están en la mitad, Gollum y Smeagol, tan bellos ellos, tan pequeños ellos, no están en venta. “Son de colección, ya no se consiguen”, expresa él. Son para antojar, para que los ojos se detengan y miren. Nomás.
Para escribir
La Fiesta del Libro invita a leer, pero también, puede ser que alguno quiera escribir. La vitrina cultural de Comfenalco propone desde el año pasado cuadernos con temas literarios. En 2011 fue Rafael Pombo . Este, Las mil y una noches.
La oferta pasa por agendas, calendarios y cuadernos con motivos de escritores. Todos tienen diseño e ilustraciones y, explica Juan Pablo Gonzalez, la idea es apoyar, con los ingresos, la promoción de lectura.
Además, sin esconderse mucho, las cartas de Alicia obligan a jugar. Es un concéntrese, pero el conejo no va con el conejo. Va con el reloj. Primero hay que leer el cuento.
Todo está en mirar
Hasta el más osado no lector que se atreva a decir que lo es, se encantaría con estos libros que, sin estar de primeros en la mesa, se roban la atención sobre los demás de Al pie de la letra. Son especiales desde el diseño, las ilustraciones. Cada detalle embelesa más que el anterior.
En el libro negro de los colores a la frase del lado izquierdo, de la parte de abajo, se suma, arriba, la misma, en braille. Las ilustraciones del frente, negras, no se ven casi. Hay que pasar la mano y colorearlas en la mente.
También está Alicia y su país de las maravillas y Blanca Nieves en una edición de imágenes llenas de color, cuidadas en el trazo. Leer la declaración universal de los derechos humanos en letra de tamaño gigante y dibujos que explican, que hacen sonreír, es otra posibilidad. “Son libros para leer, sí, pero sobre todo para disfrutar”, señala Patricia Hoyos.
Cualquier idea es posible, como que un punto le cuente un cuento. Como que el negro tenga colores, y así sucesivamente.
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