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Entre lo maldito y lo bendito

  • Entre lo maldito y lo bendito | Óscar Tulio Lizcano.
    Entre lo maldito y lo bendito | Óscar Tulio Lizcano.
23 de julio de 2011
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Las máscaras funerarias de Tutankamon, en Egipto, delatan la importancia que tuvo el oro en los albores de la humanidad.

Los lugares de culto son revestidos con oro; las custodias que utilizan los católicos para guardar las hostias, por ejemplo, son joyas costosísimas.

Una de las más espectaculares está en la Catedral de Toledo, en España, mandada a labrar por Isabel la Católica, con 17 kilos del oro traído de América por Cristóbal Colón.

El oro establece también estatus económico, religioso, cultural o político: las condecoraciones a personajes ilustres, por ejemplo; o los reyes y papas.

Aunque el oro es el más maleable y noble de todos los metales, en Colombia es también una maldición.

La violencia que está engendrando se ha convertido en una gigantesca caja negra donde se mezclan narcotráfico, minería ilegal y corrupción. Mancuso, un paramilitar con más de tres mil crímenes sobre sus hombros, confesó ante la Corte Federal de Washington que el grupo ilegal compraba oro en el exterior, lo fundía y lo vendía al Banco de la República.

De otra parte, a las Farc, el oro les generaba ingresos por 120 millones de pesos diarios, en Ataco, Tolima.

La minería ilegal aurífera se ha convertido en uno de los principales financiadores de los grupos al margen de la ley.

Según una investigación de la Universidad Eafit, el oro es más rentable que la coca. Hace 10 años una onza de oro valía 400 mil pesos y hoy vale cerca de tres millones. El año pasado superó en ventas en más de 350 mil millones a las del café.

Hoy, es el tercer producto de exportación del país.

Su extracción y crecimiento ilegal han impactado gravemente los recursos naturales. Ambientalistas y expertos en el tema, han señalado, por ejemplo, que del Páramo de Santurbán sale el agua que surte a Bucaramanga, a su área metropolitana y a algunos municipios de Norte de Santander, y que la explotación de oro hará escasear el líquido.

El uso de mercurio y cianuro en la explotación, han causado daños en la salud de las personas.

En Segovia, Remedios y Zaragoza, municipios antioqueños, las concentraciones de mercurio en los ríos han superado en mil lo permitido. En Remedios, anualmente un promedio de 15 habitantes necesitan trasplante de riñón.

Como si fuera poco, el oro también ha sido un factor de corrupción. Se ha evidenciado en la distribución de regalías y otros delitos contra el patrimonio público: municipios que nunca habían tenido producción aurífera, aparecen ahora como grandes productores de oro.

El municipio de Maceo, que hoy está en el ojo del huracán, recibió regalías en 2008 por 10.141 millones de pesos, y se dio el lujo de destinar 51 por ciento de ellas para el fomento minero; casi 1.497 millones se entregaron a solo nueve personas.

Auditores de la Contraloría pidieron al alcalde, Fabio Agustín Sierra Muñetón, que les mostrara las minas, pero éste no supo dar respuesta.

Alguien lo dijo: "el oro hace soberbios, y la soberbia, necios".

Actores armados irregulares, políticos y empresarios sin escrúpulos, están detrás de un negocio oscuro y atroz para el país.

Es paradójico: a pesar de su importancia, el oro ha sido testigo excepcional de nuestra violencia, corrupción y destrucción. Ha sido riqueza y miseria a la vez.

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