Daniel Alejandro casi ni pudo ver el primer tiempo debido a la fiebre, pero prácticamente "revivió" cuando su papá Fredy le puso el pase gol a Falcao.
El niño de seis años, que acaba de llegar de Portugal con su mamá Andreína y la hermanita Dana, quien ayer cumplía tres meses de nacida, hacía más alegre la velada futbolera que montaron las familias Guarín-Fiallo, de cuenta de las gestas heroicas de Fredy, Falcao y James, el trío mágico del Porto, campeón de la Liga Europa.
Eran diez personas pegadas de la pantalla gigante en ese apartamento de El Poblado, donde las manos se crispaban de la emoción con cada llegada del cuadro azul y blanco a la portería del rojiblanco Braga.
"Vamos, vamos hijo...", decía tensa Silvia, la fuerte morena, madre del dueño de las ideas del Porto. A su lado estaban los que aman al "Boyaco" como lo llama cariñosamente su padre Fredy Wálter, quien tiene el mismo nombre del hijo que juega en las menores del Envigado.
Las camisetas eran azules y blancas; otras amarillas como la que lucía Juan, el suegro de Guarín, quien estaba acompañado de su esposa Margarita que también hacía mucha fuerza.
Para su fortuna, el gol no tardó. De la mano de una dupla colombiana se hizo realidad para que el sitio adornado con bombas blancas y azules, estallara en júbilo, ese que sacó de la fiebre al pequeño Daniel Alejandro, quien en el segundo tiempo se dedicó a jugar Bakugam, unas cartas "que te dan poderes".
Mientras los mayores se herniaban, tomaban gaseosa -nada de trago, algo para elogiar-, el pequeño preparaba la fiesta final, porque él sentía que todo estaba resuelto, así mamá Andreína apretara los dientes como su esposo antes de dejar la cancha. Pero igual, los Guarín-Fiallo tuvieron más para celebrar, así la dicha estuviera a miles de kilómetros, con la fortuna de que Daniel Alejandro, pasada la fiebre, "estallara" las bombas, como si fuera el mismo júbilo de gol, ese que exportaron desde Dublín Guarín y Falcao.
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