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El sexteto antioqueño

01 de marzo de 2009
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Es probable que el añorado meridiano político del país esté cruzando otra vez por Antioquia, así como sucedía en los primeros decenios del Siglo Veinte. Los candidatos a la Presidencia por los cinco partidos o movimientos políticos actuales serían todos antioqueños. Competirían con Uribe, si de pronto se lanzara por la reelección. Y hasta perderían, en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga. Lo dictaminó así una encuesta de RCN con la firma Yanhaas.

Ni la demoscopia (o la encuestología) es una ciencia exacta, ni la muestra tomada en cinco ciudades representaría de modo preciso la voluntad general del país y sus regiones. No es eso lo esencial: Lo importante es esa rara conjunción estelar de seis paisas alineados en el partidor de la campaña presidencial. Por el conservatismo, la candidata sería Noemi Sanín. Por el liberalismo, Piedad Córdoba. Por el Polo, María Emma Mejía. Tres mujeres. Entre los aspirantes del uribismo gana el llamado Uribito, Andrés Felipe Arias. El sector independiente lo representa Sergio Fajardo. Si Uribe fuera candidato, dice la encuesta que obtendría más del 53%. Sería elegido en la primera vuelta.

No sé si alegrarme o preocuparme al observar en el nuevo firmamento político esa constelación de paisanos. Es una verdad de Perogrullo que los antioqueños despertamos recelos en otras regiones. La ventaja actual de los seis posibles precandidatos podría hacer espabilar a los seguidores de los demás aspirantes: ¿Cómo así que otro paisa en el Palacio de Nariño? -se preguntará más de un malqueriente. Sin embargo, la historia enseña que en tiempos de crisis los pueblos explotan el potencial de sus más caras reservas para afrontar las adversidades.

¿Y qué tal si, desde ahora, esos seis paisas capaces de armar el rompecabezas variopinto de la nación, hacen a un lado las obvias diferencias que los distancian y asumen sus responsabilidades de líderes para comprometerse con un gran acuerdo sobre lo fundamental (sí, del mismo que hablaba Álvaro Gómez), hasta concertar un proyecto de nuevo país que todos respalden, en lo primordial, sea quien fuere el elegido para el cuatrienio próximo? Tengo la convicción de que el pragmatismo político y el altruismo proverbiales en los antioqueños les ayudarán a los seis a ponerse de acuerdo en torno a los grandes propósitos nacionales.

Este fenómeno del sexteto plural paisa no es una simple coincidencia. Podría tratarse de una señal del destino. Antioquia está llamada a probar de nuevo su capacidad de liderazgo en la orientación providente del Estado. No se trata de restaurar la controvertida consigna de Fernando González: "Hay que antioqueñizar la Gran Colombia". Tampoco, de esperar un trato privilegiado para nuestra región, porque la experiencia nos enseña que "no hay peor cuña que la del mismo palo".

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