x

Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

El mundo pierde a Mandela

Murió un hombre legendario, respetado universalmente. Alguien que puede decir que su paso por la tierra dignificó a la Humanidad e hizo mejor la vida del mundo. Un referente de coraje y de paz.

  • ILUSTRACIÓN NATALIA GÓMEZ
    ILUSTRACIÓN NATALIA GÓMEZ
05 de diciembre de 2013
bookmark

El duelo mundial por la muerte de Nelson Mandela es el propio que el corazón de miles de millones de seres humanos reserva ante la partida de aquellos hombres que por sus actos se constituyen en grandes paradigmas de valores que, independientes de continente, cultura o ideología, todos asumimos como enseñanzas que nos ofrecen aquellos seres dotados de superioridad moral.

Ha habido muy pocos estadistas que, por lo menos en el último siglo, hayan concitado tal admiración unánime, tal reverenciado respeto, tal adhesión incondicional ante su férrea voluntad de reconciliar a una nación fragmentada.

Con razón escribía el premio Nobel Mario Vargas Llosa, en junio de este año, que "podremos estar seguros de que todos los elogios que lluevan sobre su tumba serán justos, pues el estadista sudafricano transformó la historia de su país de una manera que nadie creía concebible y demostró, con su inteligencia, destreza, honestidad y valentía, que en el campo de la política a veces los milagros son posibles".

Nelson Mandela fue un luchador. Un revolucionario, tanto en el sentido más político como en el más noble de la palabra. Contrario a lo que puede ser una creencia común, Mandela tuvo una crianza privilegiada -fue prohijado en su niñez por un rey tribal que lo crió como un príncipe, y luego se educó bajo rígidos preceptos de formación inglesa- y estudió Derecho.

Fue en su ejercicio de joven abogado que tomó una decisión revestida de la capacidad de lucha que demostró hasta su último día: derribar, incluso por la fuerza, el sistema de exclusión y discriminación racial -el apartheid - que avergonzará a los responsables del "régimen blanco" sudafricano por siempre.

Mandela nunca se cruzó de brazos. Fue jefe militar del Congreso Nacional Africano (CNA), desde donde tomó la decisión de ejercer la lucha armada, que llegó a liderar. En su momento, combatió la violencia con violencia, y nunca, ni siquiera cuando fue elevado a los altares del pacifismo mundial, quiso ocultar esa etapa de su trayectoria vital.

Su lucha le valió la más brutal represión. Fue procesado y condenado a cadena perpetua. Estuvo, finalmente, 27 años encarcelado, casi todos en Robben Island, prisión de trabajos forzados y régimen salvaje. Richard Stengel, editor jefe de Time Magazine, biógrafo del líder africano, asegura que "Mandela tuvo muchos maestros, pero el más importante fue la cárcel. La cárcel moldeó al hombre tal y como lo conocemos hoy. Esos 27 años fueron el crisol que lo endureció y al mismo tiempo consumió todo lo que era superfluo".

Con habilidad, persuasión y voluntad sin mella, Mandela llevó al gobierno racista a negociar con él y con el CNA. Ese período es materia de estudio de los más prestigiosos centros académicos e historiográficos del mundo. Y de allí, de ese proceso singular, único y específico, se han querido desprender conclusiones apresuradas, de molde, para otros conflictos de muy diversa naturaleza y origen.

Madiba, el recluso de Robben Island, el enemigo número uno del régimen blanco, llegó a ser Presidente democrático de su país. Uno de los países más conflictivos y violentos del mundo. Una sociedad con profundas heridas, con divisiones y odios profundos, que parecían irreparables.

El Mandela gobernante y estadista fue un ejemplo de dignidad en el ejercicio del poder, de persistencia, de carácter. De inteligencia exquisita en la escogencia de las prioridades, de respeto y amor por su pueblo. Antes de eso había sido merecedor, de forma más que justa, del premio Nobel de la Paz en 1993.

Nelson Mandela le regaló a la humanidad un ejemplo profundo y vital de perdón: burló el odio que le hubiesen podido despertar sus contradictores raciales y políticos, que lo mandaron a la cárcel por casi un tercio de su vida. Él le enseñó a su gente, por la vía de su experiencia, que es imposible acabar un conflicto si no se está preparado para dejar atrás las ansias de venganza.

Una vida ejemplar se extinguió ayer. Un referente para todos los gobernantes y líderes del mundo, que tienen mucho que aprender de él, alguien que cambió la historia.

¿Buscando trabajo?
Crea y registra tu hoja de vida.

Te puede interesar

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD