Un interrogante relevante para la democracia colombiana es acerca del futuro inmediato de las formaciones políticas de izquierda en nuestro país, porque normalmente una democracia requiere de expresiones políticas que reflejen tendencias de opinión, tanto del centro, como de la derecha y de la izquierda.
A nivel internacional, el panorama para los partidos políticos de izquierda no es alentador en Europa. No sólo por su desconexión total con movimientos como 'los indignados', que reflejan otro tipo de rechazos sociales, sino porque los tradicionales partidos socialdemócratas -expresión tradicional de la izquierda- parecen haber sido incapaces de gobernar con políticas que los diferencie de las adelantadas por los partidos de la derecha.
Si bien la lógica de la alternancia propia de la democracia europea puede seguir llevándolos al gobierno, como señalaba el dirigente socialista Juan F. López "la izquierda europea debe asumir como un deber no solo su contribución a la recuperación y generación de empleo, sino a la preservación de la confianza en la política como espacio de debate y decisión en democracia".
Por su parte, Anthony Giddens, el intelectual inglés, autor de 'la tercera vía', anotaba a propósito de los retos actuales del laborismo inglés: "El punto de partida debería ser la redefinición del papel de la esfera pública... la esfera pública, que sí se distingue de los mercados y del Estado, podría utilizarse como trampolín para reconstruir tanto los primeros como el segundo. Habría que aplicarse a la labor de construir un capitalismo responsable que vaya unido a una concepción compleja de la sostenibilidad".
A nivel latinoamericano, el panorama parece ser más alentador, con una serie de gobiernos que han venido tratando de marcar una gestión más centrada en lo social y con mayor autonomía de la tradicional dependencia norteamericana y estimulando procesos de integración subregional como mecanismo para potenciar sus posibilidades de juego en el escenario más globalizado, pero hay que decirlo también, sin marcar claramente una ruta que diferencia claramente esos gobiernos de lo que podríamos denominar los gobiernos de centro.
En Colombia, la situación es más dramática, a nuestro juicio, asociada a varios aspectos. Uno, es verdad que la llamada izquierda social, la que se expresa en movimientos sociales, es mayor que su expresión político-electoral, pero justamente allí, un gran desafío histórico, y es cómo lograr que el descontento social con las políticas de gobierno se canalice electoralmente hacia las fuerzas políticas de izquierda.
Dos, la falta de claridad acerca del tipo de partido de izquierda que se quiere, al respecto Antonio Navarro en reciente entrevista señalaba claramente esto al afirmar, "el Polo tiene una tendencia a volverse marginal y los partidos deben tener vocación de poder", pero frente a esto hay otras tendencias de izquierda que privilegian mantener por encima de todo sus principios políticos y verse más bien como fuerzas permanentes de oposición a los gobiernos.
Este es un debate que debe resolverse en el interior del Polo si quiere lograr una estrategia electoral definida y que le permita crecer.
Tres, la incapacidad del Polo en la administración Moreno Rojas de gobernar adecuadamente a Bogotá y los escándalos de corrupción que lo atraviesan actualmente. Es verdad que la alcaldesa Clara López está haciendo una buena gestión y conformando un equipo de gobierno de calidad, pero no es probable que vaya a poder contrarrestar el daño que ante la opinión pública le ha hecho la alcaldía de Samuel Moreno.
Cuatro, mientras persista el conflicto interno armado y las guerrillas de las Farc y el Eln no dejen de ser unos actores de violencia, esto seguirá siendo lamentablemente un lastre con el cual cualquier proyecto de izquierda política legal va a tener que seguir cargando.
Ojalá puedan reinventarse y consolidarse las formaciones políticas de izquierda colombianas.
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4