El asesinato de la médica Rosa Lía Jiménez, de 25 años, dentro de su propio consultorio en una IPS de Barbosa demuestra el grado de descomposición social que vive el país y el irrespeto por la misión médica, protegida por el Derecho Internacional Humanitario.
La frialdad con la que actuó el sicario, que entró al consultorio con la excusa de hacerle una pregunta a la doctora Jiménez, y después la asesinó usando un arma con silenciador, corrobora la inseguridad y la desprotección que padecen muchos ciudadanos. La movilización en Barbosa en rechazo al homicidio es valiosa, pero no resuelve el problema de fondo: la existencia de bandas criminales capaces de causar terror. A Rosa la mataron por ser esposa de un policía, según la hipótesis de las autoridades.
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