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Dejen mi pelo en paz

19 de enero de 2009
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¿Qué tienen que ver una nariz con un corte de pelo y un nuevo color? Lo mismo que tienen en común la princesa Letizia de Asturias y la Señorita Colombia, Michelle Rouillard.

A las dos las cuestionaron, en su momento y de forma pública, por haber tomado decisiones sobre su figura, que reflejan su identidad y su deseo femenino y eterno de verse diferentes, mejores, de expresar el hecho de ser mujeres...

Al final de cuentas, tomaron decisiones que solo les competen a ellas, como dueñas de un cuerpo y un cerebro que, según noto, les trabaja con sensatez e inteligencia. Y con una sana independencia.

Pero parece que Letizia y Michelle, por su condición de mujeres públicas no tienen derecho a ejercer la libre propiedad sobre sí mismas. O por lo menos eso creen quienes las han vilipendiado.

A Letizia no le perdonaron que se inventara una razón médica para someterse a una cirugía que fue evidentemente estética. ¡Un retoque!

Y a Michelle, pocos toleraron que renunciara a las extensiones de pelo, propias de las reinas de belleza (tan uniformadas todas), para lucir un precioso corte que eligió sin preguntarle a nadie.

Y no es un caso que atañe solo a las personalidades. ¿O acaso no les suena cercana la frase de alguien que no se corta o tintura el pelo "porque mi novio no me deja", o "porque a mi papá no le gusta"?

¿Letizia tendría que haberles preguntado a los españoles cómo la veían más bella, más princesa? Si le iba la nariz de tabique fuerte y recto que hacia su expresión dura. O si la preferían con la nariz de hoy, pequeñita y de formas redondas y sutiles.

O tal vez Michelle, según quienes la critican y cuestionan, debería haber acudido a una consulta popular para determinar qué corte de pelo se acoplaba a su nuevo estatus de reina de los colombianos y representante en Miss Universo.

Porque, como dicen los expertos, es reina y debe vestirse y comportarse como tal. Pues no. Nada más refrescante que una mujer que trasciende el papel tradicional que han desempeñado las reinas de todos los tiempos: la misma sonrisa diseñada, las pestañas postizas, las respuestas políticamente correctas, la personalidad encajada en los cánones que deciden las corporaciones de belleza y esa actitud artificial e inmaculada, tan alejada de su edad, estudios y pensamientos.

Que irrespetuoso e irritante resulta que la identidad de una mujer sea cuestionada de esta manera.

¿Qué tal ir un poco más allá y celebrar las actitudes de ellas y de muchas más que saben tomar y defender sus decisiones?

Porque no solamente deciden sobre un cuerpo. Ellas son un nuevo prototipo, una nueva expresión del pensamiento, del ser de la mujer. Aire fresco y mucho más.

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