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DE LA CALLE AL MONTE

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12 de junio de 2013
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A mediados de los 60 era bachiller en el Instituto Universitario de Caldas.

Con Eduardo García, Armando Pérez y Carlos González, entre otros, leíamos a Nietzsche, a Sartre, a Camus; coreábamos a Sosa; protestábamos contra la burguesía local, la oligarquía nacional y el imperialismo yanqui que masacraba Vietnam; el Che era ejemplo de compromiso político y Monseñor Valencia Cano, una esperanza.

Ad portas de Filosofía y Letras en la Universidad de Caldas, la oferta para seguir los pasos de Camilo apareció discretamente. Bastaba ir en bus hasta La Felisa, vía a La Pintada, y empezar a realizar nuestros sueños libertarios de justicia social, de felicidad nacional.

Carlos reculó: prefería la medicina.

Eduardo no era hombre de acción: sería escritor.

Armando tenía una oferta para la Patricio Lumumba.

A punto de arrancar de la calle pal monte, encontré una mujer que desvió el rumbo: ¡Cherchez la femme…

Además, algo olía mal en mis reclutadores. No se bañaban, fumaban marihuana, oían tangos y miraban con odio. A los pocos meses y después de un breve ejercicio periodístico en Radio Manizales, tomé la decisión: ingresé al Ejército Nacional.

Eduardo reside en Francia y ha escrito varios libros.

Armando vive en Rusia y trabaja en la prensa.

Carlos ejerce e investiga.

Yo, apunto escolios y me sorprendo al oír a las Farc en Cuba: dicen lo mismo que gritábamos en el entretanto de la pedrea callejera en Manizales.

O el país no ha cambiado o estos señores se quedaron en los 60 o me está invadiendo la nostalgia, pero la búsqueda del paraíso a punta de fusil y dinamita no funcionó.

Aquellos que nos convocaban a la patulea guerrillera, aún asesinan policías, ejecutan "colaboradores", secuestran ganaderos, extorsionan comerciantes y realizan todo tipo de actos estúpidos, en aras de la revolución marxista y con la complicidad de seudointelectuales, políticos siniestros y jurisprudencias que opinan que se puede asesinar a algunos dizque para que el resto pudiera vivir mejor.

De los caldenses, pocos nos dedicamos al oficio de soldados.

Recuerdo ahora al general Hernán Hurtado Vallejo, quien desmanteló la estructura armada del Eln en la Operación Anorí, en 1973.

Somos más de intelecto -todos "cometimos" versos en La Patria- como el palabrero de crípticos futuros nacionales que en La Habana negocia sin boina ni pipa.

Ojalá este abogado grecoquimbaya no se deje arrastrar a La Felisa de la política por los sicarios de la ideología que tanto mal le han hecho a la izquierda decente.

Porque el despropósito de la impunidad ronda con fuerza en ese conciliábulo caribeño.

Y es que aunque estamos en 2013 y hay celulares, tabletas, tuíteres y redes sociales, los cerebros negociantes en La Habana son modelo 1960.

Además, el desbarajustado chavismo tiende sus trampas.

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