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¡De la agonía al júbilo!

  • ILUSTRACIÓN NATALIA GÓMEZ
    ILUSTRACIÓN NATALIA GÓMEZ
11 de octubre de 2013
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Esta Selección Colombia se parece mucho al país: los logros nos llegan después de extrañas, inesperadas y largas agonías e incertidumbres. Por eso será que no nos queda otra alternativa que estallar en júbilo tan pronto ocurre un evento feliz como volver a un Mundial de Fútbol tras 16 años de ausencia. Ahora sí: ¡Brasil 2014 nos espera…

Ayer, al caer la tarde, después del primer tiempo contra Chile, al ver los televisores con aquel marcador sorpresivo, y en apariencia irremontable (0-3), e incluso clasificados gracias al favor de otros resultados, nos vimos pálidos, decepcionados y embargados como otras veces por la frustración sombría de una derrota en el Metropolitano.

Pero había que verlo para creerlo, ser testigos de tamaña reversión de un marcador adverso frente a un rival ordenado y fiero, que venía de ganar cuatro partidos en línea. Primero, Teófilo Gutiérrez. Uno. Después, pena máxima. Radamel Falcao. Dos. Y una falta más en el área del portero chileno. Otra vez El Tigre al frente. ¡Goooollllll… Tres. Empate y tarde heroica, memorable, emocionante, increíble. Este país del realismo mágico, como siempre, haciendo de las suyas, escribiendo páginas inverosímiles.

Hubo imágenes conmovedoras cuando sonó el pitazo final: Barranquilla, sudorosa y festiva, revuelta en las tribunas con gente llegada de todos los rincones del país para celebrar un empate y una clasificación que nos supieron a triunfo y a gloria. Ese abrazo emocionado de dos generaciones de jugadores. Farid Mondragón que lloraba aferrado a David Ospina, su relevo en el arco. Mario Alberto Yepes y Amaranto Perea estrechando la mano del joven Steffan Medina. Con sus altibajos, con su experiencia veterana o con sus bríos novatos, todos nos cumplieron.

La Selección Colombia de José Néstor Pékerman, entrenador argentino de 64 años, coronó ayer un recorrido de 15 partidos en suelo local o visitando las plazas de selecciones encopetadas y expertas, como Argentina y Uruguay. En el comienzo de esta aventura mundialista (desde la Copa América de 2011) quedaron las semillas de Hernán Darío "Bolillo" Gómez y de Leonel Álvarez.

A Pékerman, como él lo ha dicho, le reconocemos que hubiese logrado afinar las nóminas y el sistema, línea por línea. Pero sobre todo que, con su manejo de grupo y su disciplina, hubiese llenado de una mentalidad ganadora y de alta competencia a un grupo talentoso de jugadores que hoy está regado por las canchas del mundo: Italia, España, Francia, Portugal, Argentina y México, entre otros reputados territorios del fútbol más competitivo del planeta.

Ese 3 - 3 de este viernes nos quedará grabado en la memoria porque del sufrimiento pasamos a un éxtasis reconfortante y merecido. La Selección no nos podía dejar con esa sensación de agonía que nos atrapaba a medida que se esfumaban los minutos y la oportunidad de clasificar a Brasil, con la misma solvencia que habían mostrado los jugadores en otras fechas.

No pecamos de frívolos ni de triunfalistas si hoy le dedicamos estas líneas a un equipo que paraliza la patria. A un grupo que ha sabido ganarse el afecto de los hinchas e incluso de los compatriotas más indiferentes y ajenos a un deporte que concita multitudes y emociones.

Llegar al Mundial es, además, otro logro relevante del deporte colombiano en un año estupendo para nuestros atletas. Celebremos pues y preparémonos para hacer un papel sobresaliente en Brasil 2014.

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