La institucionalidad encargada del desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación (CT+I) en el sector agropecuario en Colombia ha ido cambiando progresivamente a través del tiempo. Estos movimientos han tenido varios orígenes: unos han sido producto de decisiones deliberadas de las autoridades del sector; otros casos son desarrollos de instrumentos de la política sectorial en combinación con iniciativas del sector privado, y otros son resultado de decisiones y desarrollos de las políticas generales de CT+I.
Desde mitad del siglo pasado y hasta principios de la década de los noventa de dicho siglo, la actividad pública en materia de CT+I estuvo en manos de una sola entidad, el Instituto Colombiano Agropecuario, ICA. Durante esos años, esta institución creó las capacidades básicas que impulsaron el desarrollo de una parte significativa de la agricultura colombiana. Gracias al decidido apoyo del Estado, y a una visión estratégica del desarrollo científico y tecnológico del país, en ese lapso se logró avanzar en muchos frentes y obtener resultados de gran importancia, aunque, frente a los retos y las posibilidades del sector, los mismos se mostraban insuficientes.
En la década de los noventa, el país decidió cambiar su modelo institucional en materia de CT+I. Con la creación de Corpoica, el manejo de la CT+I agropecuaria pasó de una entidad netamente pública a una de carácter mixta en la que, en teoría, el sector privado debería involucrarse estrechamente en su desarrollo. La figura de las entidades mixtas permitía, además, pasar de un monopolio estatal a un modelo más abierto en el que varias de estas entidades podrían realizar las actividades de CT+I.
La forma como actualmente opera Corpoica en las regiones ha dado lugar a la creación de capacidades y a desarrollos importantes en muchos centros regionales que, como el de La Selva en Rionegro, se han venido especializando en ciertos productos.
Paralelamente a estos desarrollos, en el país se han creado los centros de investigación por producto como Cenicafé, Cenicaña y Cenipalma. Estos centros están vinculados a los gremios de la producción agropecuaria y encuentran en los fondos parafiscales su principal fuente de financiación. Con la creación de capacidades, estas instituciones se han convertido en poderosas herramientas para el desarrollo de los respectivos productos, que presentan avances científicos y tecnológicos de punta a nivel mundial.
Finalmente, a través del financiamiento de Colciencias se han venido creando y fortaleciendo grupos de investigación en diferentes regiones del país. Las principales beneficiarias con este esquema de financiamiento han sido distintas universidades regionales que han creado capacidades para la investigación agropecuaria en diversos campos del conocimiento. Muchos de estos grupos tienen profesionales de alto nivel que mantienen estrechos vínculos con grupos y centros internacionales.
De esta forma, la situación actual de la CT+I agropecuaria en el país se caracteriza por la existencia de una diversidad de instituciones y grupos que operan de manera descentralizada; cuentan con capacidades importantes y de alto nivel; una buena parte de ellas está especializada en líneas de investigación y en productos, y mantienen vínculos permanentes de trabajo con grupos y centros del exterior. Esto significa que, durante las dos últimas décadas, el modelo que se inició con la creación de Corpoica se ha profundizado y que hoy las capacidades y las especializaciones se encuentran en distintas instituciones de diverso orden y en diferentes regiones del país.
A raíz de la popularidad que ha ganado el éxito del Cerrado en Brasil, y del papel central de Embrapa en el mismo, hay quienes piensan que el país debe retornar al modelo centralizado y monopólico de la investigación agrícola. Eso, además de complejo y costoso, sería un error estratégico en un país de regiones como Colombia.
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