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Con resignación habitantes afrontan inundación en Murindó

18 de enero de 2009
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Pelear con el río no se puede y tampoco hay a quien echarle la culpa por la inundación porque esos son cosas de Dios, es el pensamiento de Rudy Dorbiana y de muchos de los habitantes ribereños del Atrato.

Para ellos lo único es esperar a que el agua baje y que el Estado se solidarice con la situación que están viviendo y que requiere de una solución estructural.

Rudy reside en el barrio Puras Brisas de Murindó, en donde se vive la situación más grave, pues el agua tiene inundada la gran mayoría de casas a niveles que alcanzan la cintura.

Con ella conviven cinco hijos y dos adultos más. Son muchas las dificultades que tienen que sortear para poder sobrevivir, porque es la mejor forma de llamar la situación que padecen. Su hija de dos años estuvo a punto de ahogarse dentro de la propia casa por eso debe estar pendiente de ella las 24 horas del día, permanece todo el tiempo con el agua hasta la cintura "mantengo medio cuerpo frío y el otro caliente", dice Rudy con una sonrisa en la boca.

Además, otros tres hijos ya empiezan a tener la sintomatología de las enfermedades propias de cuando se presentan estas emergencias: dolor de cabeza, malestar en el cuerpo y desaliento.

Sin embargo no ha podido llevarlas al hospital porque este también está anegado y debió ser trasladado al Centro de Recuperación Nutricional en donde solo se están atendiendo emergencias.

"Además nos quedamos sin internet, sin líneas telefónicas, sin baños...", anota Luz Esneida Piedrahíta, administradora del Hospital San Bartolomé.

El colegio que debía iniciar clases hoy, suspendió labores hasta que la situación se normalice y como el río sigue metiéndose en el pueblo ya la Alcaldía también está anegada.

Evangelista Quejada, secretario de Gobierno y alcalde (E) de Murindó señala que la situación es muy difícil, con un alto riesgo para los niños y con escasez de alimentos por un vendaval que hubo el pasado 10 de enero que arrasó los cultivos.

Afortunadamente, la emergencia por estos días está mitigada por la subienda, por eso la única actividad que no se ha paralizado es la de la pesca.

Las canchas de fútbol convertidas en lagunas son utilizadas para la práctica del polo acuático, los parques y los juegos infantiles están solos y sumergidos en el agua.

Con el Dapard se evaluó la situación y se llegó a la conclusión de que la solución no es lo que se hace cada año en donde las ayudas se limitan a una libra de sal o de manteca. "Lo que necesitamos es una vía de penetración, construir un nuevo hospital, la reconstrucción del colegio y obras de dragado del río para quitarle sedimentación".

No obstante saben que esta solución requiere de recursos y mucha paciencia y por eso algunos se resignan. "Si pudiera regresarme a donde vivía antes lo haría sin pensarlo, pero no me queda otra alternativa que seguir aquí y esperar", expresa Rudy.

Pero lo peor está por venir, según Quejada, porque después de que baja el río es que se levantan las enfermedades y las epidemias.

Como quien dice después del vendaval vendrá el torrencial.

En Murindó, a pesar de lo delicado de la emergencia, el agua no ha superado mucho el nivel del pavimento lo que permite transitar a pie sin complicaciones y además existen puentes de madera que comunican las diferentes cuadras.

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