x

Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

Con orgullo ofrecen su Boyacá diversa

CAIGA EN LA tentación y separe por lo menos dos semanas para sumergirse en la variedad de una tierra que hoy le apuesta al turismo.

  • Con orgullo ofrecen su Boyacá diversa | Fotos Uver Valencia | Talleres de tagua como el César Bonilla potencian una nueva forma de vivir a Boyacá. Al tiempo que ofrecen sus productos, enseñan su técnica a los visitantes para que, al volver a su país, se lleven la idea de lo que sería vivir, diariamente, en su pueblos. En la imagen, un miniajedrez.
    Con orgullo ofrecen su Boyacá diversa | Fotos Uver Valencia | Talleres de tagua como el César Bonilla potencian una nueva forma de vivir a Boyacá. Al tiempo que ofrecen sus productos, enseñan su técnica a los visitantes para que, al volver a su país, se lleven la idea de lo que sería vivir, diariamente, en su pueblos. En la imagen, un miniajedrez.
05 de septiembre de 2011
bookmark

De la nada, como por arte de magia, la semilla de tagua que gira en su torno entrega con paciencia una melodía extraña y sin tiempos.

Es la voz natural del producto de una palma prodigio sin tronco que César Bonilla, artesano de Tinjacá, sabe interpretar como ninguno para crear anillos, pequeñas vasijas decorativas, un trompo que apenas puede verse con una lupa o el ajedrez más pequeño del mundo.

Orgulloso de esa semilla que casi podría trabajar con los ojos cerrados, Bonilla, tercera generación de una familia de artesanos y soñador de tiempo completo, no desperdicia un milímetro de material. Por eso, junto a su esposa Julia, se dio a una tarea que lo supera: cada viruta que sobre de sus artesanías será utilizada en la construcción de las paredes de una casa toda hecha de reciclaje que, por ahora, adelanta en bocetos y planos.

Al tiempo, la pareja capacita a casi mil de sus vecinos en ideas productivas y ambientales, con lo que espera que Tinjacá reciba cada vez más turistas y, claro, compradores. Ellos quieren que su pueblo, en el occidente de Boyacá, sea la tierra de la tagua, la tierra del marfil vegetal.

Es el espíritu que hoy desborda en la mayoría de los 123 pueblos que conforman ese departamento, territorio en el que resulta casi imposible quedarse quieto, y más ahora, cuando cada uno, a su modo, con sus recursos, con su gente, de la mejor manera posible, busca especializarse en un producto para vender localidad, pero también su región entera.

Entonces, en esa geografía diversa e histórica que es Boyacá, la gente de Chiquinquirá sirve en unas bandejas grandes la gallina fría con papa, yuca, mazorca y arepa que es su plato insignia.

Sutamarchán, por su parte, decora con longaniza las fachadas de sus muchos negocios; los artesanos de Ráquira se toman las aceras con sus productos de barro, y Paipa calienta el ambiente con aguas termales y un cocido trifásico que, por sus proporciones, parece no tener nunca un final.

Lo propio hace Tibasosa, un pueblo con aires antiguos en el que las mujeres gobiernan y disponen, y en el que la feijoa, esa suerte de guayaba verde y dulce, hoy es su producto principal. Con ella hacen desde arequipe hasta champaña, todo bajo una marca, Feijoalandia, como le dicen los pobladores a su pequeña ciudad.

Villa de Leyva es otro cuento. Tan histórica por sus construcciones de la colonia, y tan prehistórica por sus fósiles de amonitas que recuerdan el mar en que estuvo hundida hace millones de años, se prepara a diario para recibir a curiosos del mundo entero.

Su población, que llega a los 16 mil habitantes, fácilmente puede verse doblada en las temporadas vacacionales. No es difícil encontrar allí, por la misma necesidad de atender a turistas de todos los rincones, una repostería francesa, o un restaurante de comida Thai, o una cava de vinos para disfrutar mientras se observa un pueblo empedrado, sin un poste de luz o cable a la vista que interrumpa una panorámica increíble, amable, soñada.

Un pueblo que amó y amará siempre Mario Bello Mendoza, que tras años de recorrerse Boyacá, pero sobre todo Villa de Leyva, su pueblo, terminó fundando una agencia de viajes, Alianza Sué, con la que ofrece desde recorridos religiosos al monasterio del Santo Ecce Homo hasta caminatas por las montañas circundantes en busca de pinturas rupestres.

"La gran ventaja de Boyacá es que tiene paisajes en todas las alturas posibles. Tenemos pueblos en climas calientes, pero también, estando en el centro del país y a 3.050 metros sobre el nivel del mar, nuestra propia playa, Playa Blanca, a orillas de la laguna La Tota", dice Bello Mendoza.

Coincide con Sebastián Davies, un argentino que se enamoró de una boyacense, y de su departamento, y que ahora es el gerente comercial de Boyacá Tours, agencia con la que engancha a decenas de extranjeros para que se den a la aventura de conocer la que ahora, por mucho, es su propia tierra.

"No existe nadie más boyacense que yo. A Boyacá, por su gente sobre todo, la llevo en el corazón", dice Davies, perplejo aún después de año y medio de vivir allí, y seguro de algo: "Tampoco hay tierra más diversa que Boyacá. La gente lo sabe y está orgullosa de ello".

Lo están César, su esposa y sus vecinos, que con paciencia pulen las semillas de tagua mientras esperan el ruido de un carro y el saludo de un turista que se detiene frente a su puerta deseoso de conocer los secretos de su arte.

¿Buscando trabajo?
Crea y registra tu hoja de vida.

Te puede interesar

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD