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COMPAÑÍA ILIMITADA

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22 de enero de 2013
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La soledad es pandemia contemporánea. Siete mil millones de seres actuales deberían ser acompañamiento mayor que mil millones existentes en 1850. En ciento cincuenta años las probabilidades de amistad, o al menos de conocimiento, se multiplicaron por siete en el mundo. No es así.

Lo que hoy existe son siete veces más testigos del aislamiento de los individuos. Cada cual deriva hacia su casa con miedo de mirar y ser mirado. Si de casualidad choca con alguien conocido, cruza saludo protocolario que lo desembarace de la fatiga social.

Los jóvenes se aferran con desespero a fugaces ojos en los que presumen fuego acogedor. No duran mucho estos arrimos. Crece en sus pechos la certeza de que los demás son hielos, gentes de naturaleza arisca, perseguidores de intereses bastardos. Entonces vuelven a sus islas, refuerzan empalizadas, optan por tecnologías con pantalla que fingen cercanías.

Francisco de Quevedo, como poeta de oro, lo predijo hace cuatro siglos: "Hay gente que te quita soledad -escribió-, pero no te da compañía". Es fácil quitarse la soledad, hay procedimientos para aturdir la mente y meter ruido en medio del vasto desierto humano. Lo complicado es conseguir compañía.

La compañía, ante todo, es gratis. Quien la da la ha recibido antes, igualmente gratis. Aquí está el secreto de esta moneda sin cambio. Quien acompaña no busca nada, no aguarda recompensa porque simplemente él mismo está pagando recompensa por un regalo recibido en su infancia. Sabe que hay un eterno retorno, no perseguido, en la rueda de generosidad espontánea.

Como no lucra interés, la compañía se prodiga íntegra, sin reservas, igual que un altamar ondeado de espumas. Por eso satisface. Por eso comunica sosiego y espanta sospechas. La soledad desaparece ante la desprendida compañía. Un ser acompañado es victoria contra el infierno.

Sol, aire, océano, horizonte, pájaros, bóveda celeste nocturna, nubes, estos elementos naturales son metáfora de compañía. Hacen presencia para todos y a cada cual proponen desafío adecuado a su estatura. Nadie los entuba ni los cobra ni les pone pico y placa. Siete mil millones de astros y de luces otorgan dosis matemáticas a esos muchachos que caminan por la calle huyendo de sus semejantes.

Son dura compañía que quita soledades.

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