Llegó el día en que casi toda Europa tendrá sus ojos puestos en Berlín para saber si la línea dura de la austeridad continuará o si habrá cambios trascendentales que le den respiro a la mayoría de los 17 países miembros del euro.
Alemania tendrá hoy la jornada electoral legislativa que permitirá reelegir a su canciller Angela Merkel, del cristianodemócrata CDU, o que llegue Peer Steinbrück, del opositor socialdemócrata SDP.
Ambos partidos son los que poseen la mayoría de los votos, según el sondeo de la firma Forsa que mostró este viernes que los conservadores de Merkel tienen un 40 por ciento del universo de votantes, un punto por encima de la encuesta previa del 17 de septiembre pasado.
El principal partido opositor, el socialdemócrata (PSD), registró un 26 por ciento, un punto más arriba y el aliado del CDU, el Partido Democrático Liberal (PDL), se mantuvo sin cambios con un 5 por ciento. Los Verdes también sumaron un punto para subir al 10 por ciento. Por su parte, La izquierda perdió un punto y quedó en un 9 por ciento. El PSD descartó una alianza con la izquierda.
De todas maneras, analistas europeos esperan que a partir de este domingo se inyecte un aire distinto a la potencia germana, mientras que los alemanes respiran al interior del país en un ambiente más de preocupación por el dilema de integración con el resto de la Unión Europea, que por resolver la situación de países como España, Grecia o Portugal, quienes tienen alto nivel de deuda pública y lo sienten como algo ajeno a ellos.
Sin embargo, hay otros que piensan que no es de esperar que un cambio de Gobierno conlleve a un vuelco en las políticas de austeridad, porque tanto el CDU como el SPD las defienden. Conservadores y socialdemócratas han estado de acuerdo con minimizar el impacto de los rescates para el contribuyente alemán (la opinión pública alemana ha criticado este asunto). Y es que la mayoría de electores acepta que se ayude financieramente a los países en crisis, pero con claras condiciones impuestas por Alemania.
Por eso la canciller Merkel ha impuesto exigencias restrictivas a los países que tienen sus cuentas en rojo, con dificultades para financiarse en el mercado, como es el caso de España con su ayuda bancaria, Grecia, Portugal e Italia.
"Tenemos gran expectativa de lo que serán estos comicios porque al candidato opositor (Steinbrück) se le ha escuchado cierta flexibilidad con países como el nuestro. Además recordó que Alemania recibió ayuda después de la Segunda Guerra Mundial y ahora no puede desconocer esto ya como potencia", comentó a este diario Florencio Domínguez, de la agencia española de prensa Vasco Press.
Los países europeos aguardan el desenlace electoral porque un triunfo estrecho del partido cristianodemócrata podría atenuar las condiciones económicas austeras a los países del sur que padecen la crisis fiscal. "La pugna está por las políticas de control de gasto público hasta que se equilibren las cuentas, lo que seguirá afectando temas como la educación y la salud en los países en mención", agregó Domínguez.
Euroescepticismo
Así como está dado el panorama, la propia Merkel reconoció que no se comenzaría a discutir un tercer (e inevitable) rescate financiero a Grecia hasta que no pasara este verano. La unión bancaria, otro de los grandes pasos que tiene por delante el fortalecimiento del euro, también se ha visto retrasada constantemente por las dudas alemanas.
Incluso, el Banco Central Europeo (casi siempre cercano a los postulados de Alemania en la defensa de la ortodoxia) se enfrentó recientemente a Merkel por la idea de crear un supervisor único europeo que controle los principales bancos de la eurozona. Este es otro ingrediente que genera expectativa hoy en los comicios.
Pero la apatía que genera el ambiente de incertidumbre en la sociedad europea, algunos la llaman euroescepticismo, va en alza y podrá tener su protagonismo en esta jornada, con partidos que están por fuera de los tradicionales, pero que quieren elevar una voz de protesta al manejo macroeconómico europeo.
En esta lista está el partido de los Verdes, y la izquierda de Die Linke. También hay otro movimiento que se llama Alternativa para Alemania que tiene corte populista y quiere darle un giro al manejo monetario de la eurozona.
Por eso reconocen la incapacidad de los estados endeudados para afrontar sus obligaciones. "España necesita salir del euro y recuperar su moneda nacional para poder mejorar su competitividad, vía devaluación", argumentó a Reuters Joachim Starbatty, cabeza de lista por Berlín de Alternativa para Alemania.
Se prevé que este partido que dice defender la UE, pero no el euro, llegue al 5 por ciento de los votos, umbral necesario para entrar en el Bundestag.
Se trata de una visión totalmente contraria a la de Merkel y por eso es una voz más aislada en esta contienda.
De hecho la intención de Merkel es trazar una línea continuista respecto a la política europea mantenida a lo largo de los últimos ocho años. Su apuesta es clara por el euro, cuando afirma que garantiza el bienestar y el trabajo en Alemania.
Para ello ha dicho en sus concentraciones públicas de campaña que quien quiera permanecer en la moneda única deberá aceptar sus recetas.
Más moderada es la visión del socialdemócrata Steinbrück, quien reconoce no obstante la necesidad de ajustes fiscales y reformas, aunque sin aplicar "dosis mortales".
Este hecho provocaría nuevas dificultades respecto a la formación de una coalición de Gobierno. Los euroescépticos proponen que España, Grecia y Portugal, salgan del euro (o que los socios fuertes den paso a una nueva moneda sin estos últimos), como única alternativa para que estos países puedan salir de la crisis que sufren.
Estancamiento
Mientras se ha llevado a cabo la campaña electoral alemana, el proyecto europeo ha estado prácticamente desaparecido en Bruselas. Algunos dicen que Alemania dormita sobre un volcán: hace meses que todas las decisiones importantes en Europa se dejan para después de la fecha de hoy. Hasta el Banco Central Europeo está paralizado por los comicios, y sobre todo la unión bancaria, el proyecto más trascendental desde la creación del euro, está a la espera de un más que probable tercer mandato de Merkel y su nueva coalición de Gobierno.
En los pasillos de Bruselas abundan desde hace tiempo las apuestas sobre los resultados alemanes. Solo una alianza entre la socialdemocracia (SPD), los Verdes y la izquierda de Die Linke podría modificar ese panorama. "Pero en Alemania esas cosas a la italiana no se hacen: la cultura de estabilidad es innegociable y el partido que gane con autoridad tiene asegurado el Gobierno", aseguró una fuente diplomática alemana a Efe.
Eso deja como escenarios posibles una gran coalición (democristianos y socialdemócratas, como en el primer mandato de Merkel), una alianza con los Verdes o una repetición del Ejecutivo actual, con los liberales. En ese caso, Bruselas espera continuismo con matices más constructivos. El discurso económico seguirá invariable: recortes y sobre todo reformas. Para lo demás, soluciones políticas intergubernamentales —mandan las capitales, frente al método comunitario de otras épocas— sin sustos para el bolsillo del contribuyente germano.
Berlín ha usado con habilidad la crisis para modificar el centro de gravedad de la Unión y la Comisión Europea ha quedado en segundo plano en favor de los Estados.
Dicha comisión publicó el viernes los datos de confianza del consumidor de la zona euro, mejorando y subiendo a un máximo en dos años en septiembre.
El indicador sobrepasó su promedio de largo plazo por primera vez desde el verano europeo del 2011 y la confianza de los consumidores en los 17 países que utilizan el euro se redujo a -14,9 puntos en septiembre, desde -15,6 puntos en agosto. La cifra estuvo apenas por debajo de las expectativas del mercado.
No obstante, "la recuperación sigue siendo frágil debido a que Grecia, Portugal y España siguen padeciendo el impacto de la desaceleración y las consecuencias de la crisis de deuda soberana del bloque", dijo en rueda de prensa José Manuel Durão Barroso, presidente de la Comisión Europea.
Alemanes intocables
El volante está en manos de Berlín. Y allí va quedando atrás el antiguo proyecto federalista europeo. "Alemania tiene clara su política: no aprobar compromisos jurídicos vinculantes que puedan molestar al contribuyente, y liderar con mano de hierro la toma intergubernamental de decisiones solo si es estrictamente necesario", afirmó Charles Wyplosz, del Graduate Institute.
Para el analista, Merkel se pasó de largo con la austeridad y condenó a media Europa a una recesión innecesariamente larga, con brutales consecuencias sociales.
"Nunca reconoció que la crisis es más bancaria que fiscal. Ha protagonizado un liderazgo ensimismado y ambiguo, caracterizado por aguantar hasta que escampe. Ha permitido o alentado una preocupante fractura entre Norte y Sur, entre países supuestamente virtuosos y pecadores, en la que ya asoman los extremismos", agregó Wyplosz.
Catedráticos alemanes dicen que tarde o temprano, los problemas fundamentales, la unión bancaria y Grecia, dejarán expuesto al contribuyente alemán, al que se ha engañado con falsas promesas. Por eso el nuevo Gobierno tendrá que romper el secreto: "salvar el euro no será gratis".
A la vez, los expertos ven signos alentadores en el horizonte. El programa de Merkel tiene un extraño parecido con el del SPD: pretende una Alemania menos dependiente de las exportaciones, con un crecimiento más sustentado en la demanda interna, sin ser europeísta como alguno de sus antecesores.
"Merkel va a despertar porque existe una brecha entre la expectativa de lograr un papel más positivo para Berlín y la capacidad de Alemania para cumplir con eso", manifestó el sociólogo Ulrich Beck.
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8