Amable lector. Se fue Diomedes Díaz. Los medios de comunicación informaron no solo en forma profusa, sino con nostalgia la partida de un ídolo del vallenato. Altos funcionarios del Estado se unieron para expresar la tristeza por tan inesperado acontecimiento. Sin dejar de reconocer su talento musical, la verdad es que por lo demás, su vida no es un ejemplo para nadie. Si la justicia fue indulgente con él, por decir lo menos, es difícil esperar que otros no lo sean. Paz en su tumba.
Alguien me llamó para contarme que el Gobierno Nacional está interesado en escuchar propuestas que ayuden al proceso de paz, que dicho sea de paso, se parece a la canción de hace algunos años: "Tan cerca y tan distante". Esta persona propone enviar a La Habana al menos quinientos mutilados por las minas antipersonal. El costo que demande este viaje será cancelado por los que el presidente llama buitres.
Estos lisiados recorrerán los últimos ciento cincuenta metros por sus propios medios, valga decir, sin las ayudas mecánicas y otras que les han sido facilitadas. Cuando estén en frente de los jefes guerrilleros y sus novias, si después de algunos minutos, siquiera uno de ellos derrama una lágrima de remordimiento, será el único gesto de buena voluntad para tener en cuenta en este nefasto, incierto y peligroso acuerdo para alcanzar la paz.
Mientras me tomaba un buen café, escuché la conversación de dos agentes de la policía, el primero decía que las conversaciones en Cuba parecían una pelea entre unos gavilanes hambrientos y unas palomas con las alas recortadas. El otro agregó que tenía la impresión que la orden superior era seguir al pie de la letra la novena del Niño Dios: "Todo lo que quieras pedir, pídelo, que nada te será negado".
En el caso del alcalde Petro, el común de las gentes comenta que sin perjuicio que sea destituido por inepto y caprichoso, debería en cambio recibir la distinción como el ser más vanidoso de toda Colombia. Premio que en nuestro medio no es fácil de alcanzar, pues son innumerables los candidatos a competir por este galardón, incluyendo a Silva Luján y varios antioqueños.
A nuestros padres de la patria, que por el excesivo trabajo en el cumplimiento de sus cargos adquirieron tan alto grado de autismo, que los tiene ausentes de los problemas y angustias de este país, se les debe exonerar de continuar laborando, garantizándoles los recursos suficientes para llevar una vida placentera, así nos privemos de sus invaluables y generosos servicios.
La Universidad de Antioquia, cuna de hombres notables de esta comarca, se está quedando dormida sobre sus laureles. Allí, en buena parte de sus facultades, reina la anarquía. El señor gobernador y el rector, así tengan diferencias, deberían asumir una posición más firme, para evitar que miles de estudiantes, y un buen número de profesores, se adapten cada vez más a convivir con el caos.
Para muchas familias estas navidades fueron quizá las más tristes de su vida, gracias a los magos de Factor Group e Interbolsa, que hicieron desaparecer sus ahorros, sin que nadie se diera cuenta. Mientras tanto, la justicia sigue como siempre, sin prisa y distraída en minucias.
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