El debate por la decisión del gobierno uruguayo de José Mujica, de legalizar la marihuana alcanzó escala mundial y no es ajeno a Colombia, nación que ha pagado un gran precio en tragedias sociales, humanas, atraso y corrupción por cuenta de esta y otras sustancias alucinógenas. Las drogas en el país son el soporte en las principales redes criminales y la destrucción de varias generaciones, perdidas en la adicción.
Con su decisión, el gobierno de Mujica pretende enfrentar de una forma distinta el mercado ilegal de drogas, en otras palabras, arrebatarle clientes y ferocidad al narcotráfico.
E.U. recordó ayer a Uruguay su "obligación" de cumplir sus compromisos internacionales, en particular los establecidos en la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961. "Depende del pueblo de Uruguay decidir qué políticas sobre las drogas son las más apropiadas para el país".
El analista colombiano Jhon Marulanda recuerda que, de acuerdo con la ONU, "Latinoamérica es el continente más peligroso del mundo y la violencia gira alrededor del crimen organizado y el narcotráfico". Agrega que "el problema no es la droga en sí -en nuestro caso sobre todo la cocaína- sino el tráfico ilegal de la misma", el cual ya no solo va hacia E.U. y Europa, sino su impacto local y en el resto del continente.
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