El BID fue creado para apoyar diferentes proyectos de desarrollo en cada uno de los países de la región. A los 50 años de su creación el Centro de Fe y Culturas de Medellín, quiere expresar algunas reflexiones sobre su misión y su responsabilidad en el momento actual.
Debemos recordar que en la región, casi la mitad de la población está por debajo de la línea de pobreza, una cuarta parte no tiene acceso a servicios públicos y casi una quinta parte se acuesta sin haber recibido la alimentación necesaria para su crecimiento o bienestar físico y mental. De cada diez niños sólo siete terminan su primaria, cuatro su bachillerato y menos de uno su educación superior. Esta situación genera obviamente unos escenarios muy difíciles para cada sociedad, en la medida en que los bajos grados de escolaridad se reflejan en actividades y empleos de menor remuneración y en procesos productivos menos eficientes.
Así perdemos todos: los empresarios, el gobierno, los empleados y, lo más triste, nuestros hijos.
Para que Colombia y los demás países de la región rompan este ciclo, no sólo necesitamos los buenos oficios y servicios del BID. También necesitamos recordar los compromisos sociales y espirituales que nos han sido inculcados a lo largo de varias generaciones, pero que parece los tuviéramos olvidados. Debemos acompañar con nuestro tiempo y recursos aquellos proyectos que generen mejor calidad de vida y creen más y mejores empleos. Las soluciones ya se han presentado, pero tiene que haber más compromiso político y responsabilidad social empresarial y personal para llevarlas a cabo: construcción masiva de viviendas de interés social, tanto urbana como rural, creando empleos durante su construcción y un hogar propio para sus habitantes. Ampliar y optimizar la infraestructura que permita a los empresarios ser más competitivos y a los consumidores tener menores costos en los productos que consumen, bien sea importados o producidos y distribuidos dentro del país. Fortalecer la inversión en educación y disminuir la deserción escolar, para que las nuevas generaciones tengan las herramientas necesarias para salir adelante en un mundo cada vez más competitivo. Finalmente, apoyar el emprendimiento, para que miles de ciudadanos sean propietarios de sus negocios, generando ingresos para sus familias, empleos en sus regiones y recursos para el país.
Si entre todos nos comprometemos y hacemos este gran esfuerzo, aun en medio de esta crisis mundial, un día podremos dormir con la tranquilidad de saber que cada uno de nuestros hermanos colombianos ha tenido la oportunidad de ser mejor, de salir adelante y de ser feliz al lado de sus seres queridos.
*Miembro Centro de Fe y Culturas
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