A doña Bertha del Socorro Rubio le gusta preparar tortas. La de zanahoria es una de sus favoritas. Ella es una persona metódica y organizada. Vive con tres hermanas y una sobrina en su casa propia en el barrio López de Mesa.
Hace dos años decidió que las cosas no estaban como para pagar cuentas de energía tan altas, habiendo en el mercado estufas de gas para preparar sus tortas.
Decidió renovar uno de los electrodomésticos protagonistas de su cocina: la estufa. La reducción en los costos de energía fue evidente.
El diciembre pasado se sintió con ánimo y el espíritu de la Navidad le dijo al oído "te mereces un regalo". Y compró un equipo de sonido. "El que tenía sonaba unas veces sí otras no, ya estaba viejito y pensé que tenía que renovarlo".
La del equipo de sonido fue la segunda compra que doña Bertha hizo con su tarjeta de crédito EPM-Une.
Ella es una de las 26.000 personas que ha adquirido electrodomésticos o materiales de construcción a través del mecanismo de financiación de Empresas Públicas de Medellín y Une.
Y se siente feliz. El sistema ha funcionado muy bien para ella porque tiene 48 meses para pagar a tasas muy bajas. "Vivo de la pensión y soy organizada en las cuentas. No niego que alguna vez me atracé en el pago de servicios pero, por lo general, estoy al día".
El ritmo de colocación
Con clientes como ella, la tarjeta ha colocado 32.000 millones de pesos en dos años. "Los cupos promedio son de un millón 300 mil pesos y la gente, hasta ahora, ha usado un promedio de 700.000 pesos en su crédito, es decir, que todavía tiene disponible una parte", explica Ana Cristina Rendón, directora del programa Tarjetas EPM-Une.
Don Carlos Jaramillo y su señora Miriam Muñoz, están estrenando nevera. La primera cuenta de servicios, en la que se incluye el cobro de la cuota de la tarjeta, debe llegar en los próximos días.
"Buscamos una nevera a buen precio, estaba en promoción en el Éxito. Solicitamos el crédito y lo aprobaron rápidamente. No nos preocupan las cuotas porque no son altas y uno sabe que la plata de los servicios es sagrada", cuenta doña Miriam.
Para ella, el valor adicional en su cuenta no es motivo de preocupación y ya pagó la instalación del gas por red con ese mecanismo.
Ana Cristina Rendón explica que el 70 por ciento de los tarjetahabientes han usado la tarjeta para compras de electrodomésticos. "Este es un balance muy satisfactorio, sobre todo porque el 80 por ciento han sido en los estratos uno, dos y tres".
Así mismo, el 80 por ciento de las compras se presenta en almacenes de grandes superficies: Éxito, Carrefour y Makro. Esto explica el desencanto que experimentan los comerciantes del sector de la Calle Colombia, característico en la venta de electrodomésticos a crédito.
Para la mayoría, las ventas con la tarjeta EPM han estado "muy suaves". Luis Eduardo Builes, propietario de Electroriente, opina que la tarjeta está diseñada para las personas que tienen asegurada su capacidad de pago.
"Los más pobres no la pueden usar, los requisitos son muy difíciles, por ejemplo, no haberse atrasado en el pago de los servicios durante el año, o nunca haber estado reportado en centrales de riesgo, eso es muy duro, porque hasta los más ricos a veces no tienen cómo pagar".
Este comerciante dice que cuando lanzaron la tarjeta, sus colegas del sector "sudaron frío". Pero ya no. Vemos que nuestros clientes no son sujetos de ese crédito, porque son los más pobres. Así a veces nuestra cartera morosa sea muy grande, sabemos que estamos prestando un servicio a la comunidad".
Ana María Navarro, subgerente de Navarro Ospina, en el Parque Berrío, opina que las ventas con la tarjeta, les asegura el flujo permanente de clientes. Afirma que el ritmo de compradores con esta tarjeta EPM se ha mantenido constante.
Con base en estas opiniones se deduce, entonces, que la tarjeta está dirigida a personas que, así pertenezcan a los estratos inferiores, están en capacidad de comprometerse con un crédito, son organizados en el manejo de sus finanzas y asumen esta oportunidad para poner a su casa a estrenar de todo.
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