Antes de hacer el primer levantamiento de cadáver de su vida, le sugirieron echarse azufre en las plantillas y ponerse una joya de oro que repeliera los espíritus malignos.
Ángela prefirió darse una bendición, rezar un Padrenuestro, seguirle echando talco en vez de azufre al zapato y se compró un anillito de oro que la comprometería más con su trabajo.
Ya no hace comparendos ni regula el tráfico de las vías únicamente. El pito que mantiene en sus labios, lo cambia a veces por un tapabocas y sobre su corbata y traje azul, se pone el uniforme blanco, el gorro, las botas y los guantes, cada vez que hay un accidente con víctimas mortales.
Y es que desde hace un año se prepara como Policía Judicial, gracias a la Secretaría de Tránsito y al Tecnológico de Antioquia, que les ha ofrecido los espacios, el tiempo y todo el apoyo. Ya le perdió el miedo a levantar un cuerpo. Actúa con varios compañeros en las escenas del crimen y cada agente asume un rol diferente.
Los papeles
Uno saca la cámara y comienza a registrar el lugar de los hechos. Otro cierra la vía, comienza a trazar un croquis, dibuja la calle y acomoda los vehículos y el cuerpo que reposa sin vida sobre el asfalto.
A alguna le corresponde espantar a los curiosos y entrevistar a los implicados y testigos del accidente y, por lo general, Ángela manipula el cadáver, aplica los conocimientos de anatomía, analiza las heridas, toma nota de las lesiones, embala el cuerpo, luego lo monta en la camilla, después lo conduce al anfiteatro y, por último, entrega los informes que hacen en conjunto, las pruebas que encontraron, las fotografías que tomaron y los mapas dibujados, a los jueces que abordan el caso.
Las señales del cielo
La carrera que adelanta Ángela desde hace un año, en compañía de 32 guardas y un supervisor, contempla materias como biología forense, anatomía, derecho penal, planimetría, policía científica, entre otras, y la más importante que, aunque el pénsum no la menciona pero es una prioridad para el Tecnológico de Antioquia, sus alumnos aplican y practican en la calle día y noche: humanidad.
Cuando llega al lugar donde pereció alguien, a Ángela se le olvida lo estricta que es y que no perdona una infracción de los vivos. Pero a los pacientes que encuentra sobre el pavimento, "les hago la gestión con San Pedro para que no le cierren las puertas del cielo, les perdone las faltas y tengan luz verde para pasar y llegar al paraíso".
Cuando le toca recoger niños sobre la vía, a veces preferiría solamente hacer partes, porque al llegar al lugar donde perdieron la vida, son ellos los que le parten el corazón.
Pero "Dios es la palanca" y le ha dado las señales a lo largo de su carrera para que no se desoriente, siga salvando vidas y aportándole su trabajo a la justicia.
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