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ACOSADORES CIBERNÉTICOS

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04 de septiembre de 2013
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Lo lamento. Debo admitir que defraudé a la galería. Casi me da pena salir a la calle. Huyo del cliente que encuentro frente al espejo. Iba bien en esta encarnación. Pero fui humano, demasiado humano. Me equivoqué. Espero no quedarme sin lectores cuando se sepa la verdad.

Merezco memo con sanción de quince días sin carne y sin internet. No creo que me fíen más en la tienda de la esquina. ¿El que me vende el aguacate para el almuerzo volverá a hacerme la rebajita? ¿Con qué cara volveré a leer las crónicas de Luis Tejada, las cartas de Cortázar, los estremecedores libros del ruso Vasili Grossman, la poesía y la prosa de mi tocayo y colega Óscar Hernández M. ? ¿Será que en el restaurante donde despacho mi corrientazo meridiano me vuelven a cambiar la sopa por un huevo de gallina feliz?

Mi argentino ego está de capa caída. Es como si me hubiera caído una hora del Big Ben -que pesa más de ocho toneladas- en el dedo gordo del pie.

Cuando se llega a una edad en la que el hombre propone y el señor Alzheimer dispone, ¿será que se me olvida -ojalá- el Brindis del Bohemio que aprendí de joven sin que haya podido desembarazarme de él para darle paso a algún soneto de Quevedo?

¿Las tildes que tanto me costó aprender a marcar se me trocarán y volveré esdrújulas inofensivas palabras agudas o graves?

Mi desazón se origina en el hecho de que parientes y amigos no se aguantaron y han empezado a restregarme en la cara mi prontuario de acosador, el pecado que me tiene con la casa por cárcel, como cualquier corrupto con suerte. Creí que ese pecadillo quedaría entre mi almohada y yo.

Aclaro que no soy ningún acosador sexual. El pecado que pesa sobre mí es nuevo. Señoras y señores, abróchense los cinturones: Soy irrefrenable acosador cibernético.

Mis abonados abren su correo y tiemblan. Suelen encontrarse con "miles" de envíos míos. (Un médico que monitorea mi salud casi me cobra tres vales de la prepagada. Me encontró bien de mis achaques pero mal de mi irrefrenable tendencia a disparar correos electrónicos).

No sé de médicos que curen esta nueva dolencia. Se llenarían de oro. Raro que no haya esta especialidad. En buena hora, los médicos han parcelado, incorado, nuestro cuerpo. Se lo reparten. Uno es especialista en todo lo que ocurra del ombligo pa’ rriba, otro se responsabiliza de lo que sucede del ombligo pa’ bajo, incluida esta plaga de Egipto llamada disfunción eréctil. Fulano es especialista en este centímetro de mi anatomía, el centímetro vecino exige otro galeno. Pero faltan másteres en bullyng cibernético.

Hago esta confesión para demandar cristiana tolerancia y prometer que reduciré la avalancha. A manera de indemnización les encimo un remedio infalible como el papa Francisco: borrar, borrar, borrar.

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